Con una calidez única, Patricia se presenta como una bonaerense adoptiva, “vine en el año 98, me acuerdo la fecha porque era un día después de mi cumpleaños”, buscando ese “intermedio” entre el bullicio y la calma costera, de la mano de Fito, su marido viajante en la industria del calzado. “Y nos gusta mucho el agua a los dos, los dos somos buzos”, lanzó con una sonrisa cómplice, revelando una pasión compartida que va más allá de los negocios, al dialogar en NecRadio 98.3, junto a Federico Cañadas.
Los inicios, como suele ocurrir, no fueron sencillos. “Los primeros tiempos fueron duros, porque no conocíamos a nadie, nuestra hija tenía 5 años… a nosotros nos costó un poco”. Pero la fibra emprendedora de Patricia no tardó en manifestarse. Tras dejar su trabajo en una multinacional en Buenos Aires, un día, observando el lento pasar de los autos en pleno junio, se dijo: “¿Yo no puedo quedarme así? ¿Qué hago?”. Y con herencia de familia de comerciantes, la respuesta fue clara: “Pusimos un negocio, algo tengo que hacer”. Así nació Parcero Calzados, un proyecto que creció desde un pequeño local hasta convertirse en un referente en pleno centro, en la calle 62.

La charla transitó los avatares del comercio en tiempos de incertidumbre económica. “Pleno centro, no es la mejor época, pero bueno, se pasan estas épocas. La gente no está gastando… este es un abril atípico”. Sin embargo, lejos de amilanarse, Patricia confesó que la adversidad la activa: “A ver, si me ponen una zapatería enfrente yo estoy contenta, porque entonces me activé”. Y es que para ella, la “pasividad de estar siempre bien” no es una opción.
Pero la vida de Patricia es mucho más que zapatos. Su faceta de buzo, sus incursiones en el tango (“Entre milongas, tango, gato, chacarera y bucear, va pasando la vida”), y sus viajes al sur y al Caribe para sumergirse en otros mundos, pintan a una mujer inquieta y apasionada.
Sin embargo, la conversación tomó un cariz más profundo al tocar las fibras de su historia personal. Huérfana de madre a los dos años y criada por sus abuelos vascos, Patricia reveló una fortaleza admirable. “Mirá, yo no tuve familia… Así que no me arraigo. Yo siempre le digo a Fito, si mañana me tengo que ir de Necochea a vivir a Tucumán, bueno, no me arraigo”. Una declaración que impacta por su crudeza y honestidad.
Ante la pregunta sobre cómo se planta frente al mundo con esa historia, Patricia fue categórica: “Yo creo que no me cuesta empezar de nuevo, por eso no me arraigo”. Su vida ha sido una sucesión de reinvenciones, desde trabajar en Buenos Aires hasta vender ataúdes en una cochería, una experiencia límite que recuerda con escalofríos: “Trabajé dos meses vendiendo ataúdes… vomitaba todas las noches para ir al otro día, porque no lo podía hacer. Es terrible, por eso te digo, hice de todo”. Un testimonio impactante de su capacidad de adaptación y supervivencia.
Esta trayectoria vital forjó una personalidad que algunos perciben como “impenetrable”, pero que ella describe como una forma de “cuidado” inconsciente, desarrollada desde niña. La terapia, que practica desde los 27 años, ha sido una herramienta fundamental en su vida, brindándole una “agilidad mental” que valora enormemente.
Al hablar de su familia, Patricia recordó con cariño a sus abuelos, “todos vascos y catalanes”, quienes la criaron y le legaron recuerdos imborrables, como su abuelo tocando la armónica al despertar. También evocó a su padre, de quien heredó una tabaquería emblemática en Buenos Aires. “Mi viejo era un tipo muy culto… Me dio, a partir de eso, todo. Pero bueno, no era de lo más afectivo”.Un momento emotivo de la entrevista fue cuando compartió la reciente obtención de su nacionalidad española, un trámite realizado a través de su abuela. “No es tener un pasaporte, era cerrar el círculo de mi familia”. Un cierre que la conecta con sus raíces y le otorga una profunda sensación de completitud.

Hacia el final de la charla, ante la pregunta sobre qué le diría hoy a su padre, Patricia no dudó: “Hablemos… La gente se calla tanto… Y si algo que dio la terapia en mí es hablar. Abrámonos, hablemos”. Un anhelo por esas conversaciones pendientes, por romper el silencio de épocas pasadas.
Patricia Parcero, la mujer detrás del calzado que viste los pies de Necochea, se despidió dejando una estela de historias intensas, de una vida moldeada por la adversidad pero siempre impulsada por una fuerza arrolladora y una capacidad admirable para reinventarse. Una charla que fue mucho más allá de los negocios, adentrándose en las profundidades de una existencia marcada por la pérdida, la resiliencia y un espíritu emprendedor a prueba de todo. Sin dudas, una necochense con historia para contar.












