Quequén, el Puerto y el mate. Tres pilares que se entrelazan en el relato de Mario Goicoechea, un hombre que se define a sí mismo como un “vasco calentón” que, con los años, ha ganado en tolerancia. En una charla con Federico Cañadas durante el programa “Esta Mañana”, desde los estudios de NEC Radio, 98.3 perteneciente al multimedios NQ, el director del puerto de Quequén repasa su vida, desde la niñez en el barrio hasta el desafío de la política. La entrevista es un viaje en el tiempo donde las confesiones se mezclan con la picaresca de los recuerdos.
“Yo nací en Quequén. Yo me siento de Quequén”, afirma Goicoechea, quien llegó a la localidad a los 4 años, pero la siente como propia. Con la evocación de los “años maravillosos” en el barrio de las estación, su voz se carga de una emoción que solo los recuerdos pueden traer. “Si no jugábamos a la pelota, jugábamos a la bolilla todo el día”, rememora con una sonrisa.

Sin embargo, detrás de la nostalgia se esconde un quiebre en su juventud, un evento que marcó un antes y un después en su vida: la Guerra de Malvinas. Goicoechea, veterano orgulloso, confiesa que tuvo que “cerrar la ventana” para poder seguir adelante. La herida de la guerra fue profunda, y la constante remembranza era insoportable. “Es como vivir con un velorio constante. Eso es lo que me pasaba a mí”, confiesa. El trauma lo llevó a consultar a un psicólogo, quien le dio una lección simple, pero poderosa: “Si te hace bien, no hables más”.
La resiliencia de Goicoechea se refleja en su trayectoria profesional. Después de años como empleado en el Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, hoy es director del puerto. Pero su camino no fue fácil. “Entré como empleado ingresante”, subraya, desmitificando la idea de que los puestos de poder están reservados para unos pocos. Su historia es la prueba viviente de que se puede hacer carrera dentro del puerto, y por eso defiende programas como Puerto Ciudad, que buscan acercar la actividad a la comunidad. “Es la gran industria que tiene Necochea”, enfatiza, “los puertos se dieron cuenta que hay que empezar a abrirse y hacer más ameno con la ciudad, porque si no, la ciudad se te pone en contra”.
En el ámbito de la política, Goicoechea es igual de directo. Admite haber sido un “vasco calentón” en su juventud, pero los años y la formación le dieron tolerancia. En dos ocasiones renunció a su cargo por no compartir la dirección política, demostrando una coherencia que valora por encima de todo. Hoy, aunque trabaja en consultoría portuaria y se dedica a su propia empresa, el “bichito” de la política sigue ahí. “A veces me dan ganas de empezar a armar algo”, confiesa, y su motivación es clara: devolverle al pueblo lo que el pueblo le dio a él.
Con la mirada en el futuro, Goicoechea cree que la clave para que la ciudad prospere es generar 3.000 puestos de trabajo de calidad y una política de estado que cree las condiciones para la inversión privada. Pero también lanza una última reflexión, un llamado a la acción para las generaciones más jóvenes: “Nosotros estamos grandes, hay que darle lugar a los chicos. Hay pibes muy preparados”.












