Los productores bonaerenses que apostaron por la cebada comienzan a ver cómo esa decisión rinde frutos. En nuestra región, el impacto positivo de este escenario se siente con especial claridad.
En los partidos del sudeste bonaerense —con Necochea, Tres Arroyos y Tandil como polos históricos de producción— el cereal volvió a demostrar su relevancia estratégica En un escenario global atravesado por la incertidumbre, el cereal forrajero no sólo logró sostener valores firmes, sino que terminó superando con claridad al trigo, un dato que rompe con cierta lógica histórica y obliga a repensar estrategias productivas y comerciales.
El contexto internacional explica buena parte de este fenómeno. Las fallas productivas en Turquía y el apuro por originar mercadería en Medio Oriente —donde la cebada forrajera se utiliza, entre otros destinos, para la alimentación animal— empujaron los precios al alza. Ni siquiera el ingreso al mercado de la cebada australiana, principal exportador mundial, logró poner “paños fríos” a la escalada. El mercado, lejos de tranquilizarse, siguió tensionado.
El dato resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que el USDA elevó este mes la proyección de la cosecha mundial de cebada a 153,7 millones de toneladas, frente a las 152,9 millones estimadas en diciembre. Sin embargo, los precios parecieron no acusar recibo: la lógica clásica de la oferta y la demanda quedó, al menos por ahora, subordinada a un clima global de urgencia, desconfianza y decisiones defensivas por parte de los compradores.
En el plano local, los números hablan por sí solos. El precio FOB oficial “spot” de la cebada forrajera argentina alcanzó los 224 dólares por tonelada, contra 208 dólares del trigo. Una diferencia del 7,5% que no es menor en un esquema de márgenes ajustados y costos crecientes.
En el mercado interno, la cebada forrajera con entrega en Bahía Blanca se negoció en torno a los 279.842 pesos por tonelada (unos 191,4 dólares al tipo de cambio MEP), con picos recientes cercanos a los 288.800 pesos, según datos de Sio Granos. El trigo, en cambio, mostró valores sensiblemente inferiores, alrededor de los 252.000 pesos por tonelada en el sur del Gran Rosario. Ambos cultivos comparten hoy una misma carga: un derecho de exportación del 7,5%, lo que vuelve aún más relevante la brecha de precios.
A esta ecuación se suma un factor clave de calidad. Mientras el trigo enfrenta descuentos y serias complicaciones comerciales por los bajos niveles de proteína, la cebada no muestra, al menos por ahora, un problema tan extendido en ese frente. Esa diferencia técnica termina traduciéndose, una vez más, en una diferencia económica concreta.
Los embarques refuerzan la señal del mercado. En enero se declararon exportaciones argentinas de cebada forrajera por casi 886.000 toneladas, con otras 203.000 ya anotadas para febrero. El trigo, si bien mantiene volúmenes mayores en términos absolutos, evidencia una dinámica más irregular y condicionada, tanto por precios como por calidad.
En definitiva, la cebada se consolidó como una alternativa que paga. Para muchos productores bonaerenses no se trata sólo de un buen precio coyuntural, sino de una confirmación: diversificar, leer a tiempo el mercado y animarse a salir del libreto puede marcar la diferencia. En tiempos de incertidumbre global, la cebada parece haber encontrado su momento.
En nuestra región, el impacto positivo de este escenario se siente con especial claridad. En los partidos del sudeste bonaerense —con Necochea, Tres Arroyos y Tandil como polos históricos de producción— el cereal volvió a demostrar su relevancia estratégica. Productores locales coinciden en que, a diferencia del trigo, la cebada permitió una comercialización más fluida, con menos castigos por calidad y una demanda externa sostenida. La cercanía con el puerto también jugó a favor, reduciendo costos logísticos y facilitando el cumplimiento de compromisos de exportación en un momento donde cada dólar cuenta.












