La cooperativa Engraucoop se convirtió en un símbolo de trabajo y organización en Necochea. Lo que comenzó como una situación de crisis tras el cierre inesperado de una planta procesadora de anchoas terminó transformándose en un proyecto productivo que hoy sostiene empleo para más de un centenar de mujeres.
Una de sus referentes es Analia Morino, quien lleva 43 años trabajando en el sector y fue testigo de la transformación que permitió que un grupo de trabajadoras pasara de ser empleadas a convertirse en dueñas de su propio lugar de trabajo.
El día que la fábrica cerró
Morino recordó que el cierre de la empresa llegó de manera inesperada. Las trabajadoras continuaron con su rutina laboral sin saber que los dueños ya no estaban.
“Fuimos a trabajar normalmente, elaboramos como siempre. Al otro día era día de pago y ahí nos dimos cuenta de que no había nadie”, relató.
Con el paso de los días la situación se volvió insostenible: no había responsables de la empresa ni tampoco respuestas sobre salarios o indemnizaciones.
Frente a ese escenario, un pequeño grupo de delegados decidió buscar alternativas para no perder su fuente laboral.
El nacimiento de la cooperativa
La idea de conformar una cooperativa surgió luego de pedir asesoramiento en el municipio y en organismos especializados.
“Ninguna de nosotras sabía lo que era una cooperativa ni cómo funcionaba. Siempre habíamos sido empleadas”, explicó Morino.
Con el acompañamiento de instituciones como INAES y FECOOTRA, las trabajadoras recibieron capacitación y comenzaron a organizarse para continuar con la producción por su cuenta.
Ganarse la confianza de los clientes
Uno de los desafíos más grandes fue mantener los vínculos comerciales que la antigua empresa tenía con sus compradores.
La cooperativa logró sostener la producción y establecer acuerdos con clientes importantes, entre ellos la Cooperativa Obrera, que distribuye el producto en distintos puntos del país.
Hoy las anchoas procesadas en Necochea se comercializan principalmente en el mercado interno y pueden encontrarse en supermercados bajo marcas propias.
Un trabajo que sostiene a muchas familias
Actualmente, la cooperativa emplea a alrededor de 140 mujeres, que trabajan en distintos sectores del proceso productivo.
El trabajo incluye tareas como el salado del pescado, el descabezado, el fileteado, el envasado y el control de calidad.
“La cantidad de familias que dependen de este lugar es enorme”, señaló Morino.
Además de mantener la actividad durante todo el año, el sistema cooperativo permite una organización más flexible del trabajo.
Una forma distinta de trabajar
Morino explicó que el cambio más importante respecto al modelo tradicional fue la forma de organización.
“Antes teníamos capataz y patrones. Era todo muy estricto. Hoy la cooperativa nos permite organizarnos de otra manera”, afirmó.
Por ejemplo, las trabajadoras pueden ausentarse para asistir a actos escolares o compromisos familiares y luego retomar sus tareas.
La única procesadora que queda en la ciudad
Hace algunas décadas Necochea contaba con varias plantas dedicadas al procesamiento de anchoas, pero con el paso del tiempo la mayoría cerró.
Hoy Engraucoop es la única procesadora de anchoas que continúa funcionando en la ciudad, manteniendo una actividad histórica del puerto local.
Para Morino, la experiencia demuestra que el trabajo colectivo puede ser una herramienta para salir adelante.
“Estamos orgullosas de lo que logramos entre todas”, concluyó.












