La música como vocación, como trabajo y como forma de vida. Esa es la síntesis que atraviesa el presente de los cantantes necochenses Lorena Reparaz y Ariel Laje, quienes compartieron su actualidad artística marcada por el esfuerzo, la adaptación constante y, en el caso de Lorena, una reciente experiencia internacional que abrió nuevas puertas.

Reparaz viene de presentarse en Italia, donde fue invitada a participar en Calabria como representante argentina en los festejos de Año Nuevo. “Tuve la oportunidad de abrir la fiesta y la verdad que fue una experiencia hermosa”, contó, destacando no solo el reconocimiento recibido, sino también la respuesta del público europeo, que se mostró sorprendentemente cercano a la música nacional. “Verlos bailar rock argentino fue algo que no me voy a olvidar”, expresó.
Su presente, sin embargo, sigue teniendo base en Necochea, donde continúa desarrollando su carrera mientras avanza con los trámites de ciudadanía italiana, lo que podría abrirle un futuro más permanente en Europa. Mientras tanto, mantiene actividad en la región y proyecta nuevas presentaciones.
En ese recorrido aparece Ariel Laje, con quien construyó una relación artística basada en la colaboración. La conexión surgió de manera espontánea, en un escenario compartido, y se fue consolidando con el tiempo. “Nos empezamos a invitar mutuamente, a compartir shows, y se generó algo muy lindo”, explicó Laje, quien además remarcó una característica propia: abrir espacios a otros músicos. “Siempre trato de darle lugar a otros artistas, porque eso también construye”.
Ambos coinciden en que el trabajo musical en ciudades como Necochea implica múltiples desafíos, especialmente en lo económico. La dificultad para sostener ingresos estables aparece como una constante. “Es complicado poder vivir de esto, porque no depende solo de cantar, hay todo un trabajo detrás que muchas veces no se ve”, señalaron.
Ese esfuerzo incluye ensayos, armado técnico, traslado de equipos, elección de repertorio y una responsabilidad central: sostener el clima de cada evento. En ese sentido, remarcan que el cantante no solo interpreta canciones, sino que también conduce el ritmo de una noche. “Un cumpleaños o un evento es algo importante para quien lo organiza, y uno tiene que estar a la altura”, explicó Reparaz.
A esa exigencia se suma la necesidad de adaptarse a públicos diversos. Lejos de encasillarse en un solo estilo, ambos destacan la importancia de la versatilidad. “Podés empezar con un estilo y terminar en otro completamente distinto. La gente quiere divertirse y uno tiene que saber leer eso”, indicaron.
Sin embargo, hay un punto en el que no negocian: el profesionalismo. Más allá de la cantidad de público, sostienen una misma lógica de trabajo. “No importa si hay diez personas o doscientas, el show tiene que ser el mismo”, afirmaron, marcando una ética que atraviesa su manera de entender la música.
Con proyectos en marcha, presentaciones por reprogramar y nuevos viajes en el horizonte, ambos artistas continúan construyendo su camino en un contexto complejo, pero con una convicción clara: la música, más allá de las dificultades, sigue siendo el motor que los impulsa.












