En un contexto político complejo y de redefiniciones internas, el exintendente Daniel Molina planteó la necesidad urgente de construir unidad dentro del radicalismo local, al tiempo que reconoció que el partido atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años.
La convocatoria a elecciones internas en la Unión Cívica Radical, con cierre de listas previsto para el 8 de mayo, abrió un escenario de debate hacia adentro del partido. En ese marco, distintos sectores impulsan la posibilidad de alcanzar una lista de consenso que evite una interna que, según coinciden varios referentes, podría profundizar el desgaste.
Molina confirmó que existen conversaciones en marcha con dirigentes de diferentes líneas internas y remarcó que hay una vocación compartida de buscar acuerdos. Consideró que, en la situación actual, una confrontación interna “sería un desgaste muy severo” para un espacio que ya llega debilitado al proceso.
El dirigente señaló que la coyuntura política provincial y nacional impacta directamente en el radicalismo. La irrupción del gobierno de Javier Milei y la reconfiguración del peronismo dejaron al partido en una posición incómoda, tensionado entre distintos posicionamientos ideológicos y con dificultades para consolidar una identidad clara frente a la sociedad.
En ese escenario, Molina planteó que el desafío central es reconstruir la capacidad de convocatoria, especialmente hacia los jóvenes. Reconoció que el partido “se ha ido envejeciendo” y que necesita actualizar su lenguaje y su forma de interpelar a una sociedad que cambió profundamente en los últimos años.
También destacó la importancia de recuperar una cultura participativa que históricamente caracterizó al radicalismo, ampliando la base de discusión no solo a afiliados sino también a sectores independientes. La idea, explicó, es volver a posicionar al partido como una herramienta de representación activa dentro del distrito.
Al analizar el comportamiento del electorado, Molina advirtió que los jóvenes tienden a moverse con mayor dinamismo y menor anclaje partidario, lo que obliga a la política tradicional a repensarse. En ese sentido, sostuvo que la dirigencia debe escuchar esas nuevas demandas y ofrecer respuestas concretas en temas como educación, empleo y oportunidades.
De cara al futuro, el exintendente consideró que ningún partido, por sí solo, puede representar la complejidad actual de la sociedad, por lo que anticipó la necesidad de avanzar en esquemas de frentes y alianzas. En esa línea, remarcó que será clave la “generosidad política” para construir espacios amplios con coincidencias programáticas.
Respecto a su posible rol, Molina fue claro: solo participaría en un esquema de unidad. En caso de que no se logre consenso y se avance hacia una interna, descartó ser parte del proceso, dejando ese escenario en manos de las nuevas generaciones del partido.
Mientras se intensifican las reuniones y negociaciones, el radicalismo local enfrenta semanas decisivas para definir su conducción y, sobre todo, su rumbo en un escenario político que exige renovación, cohesión y capacidad de adaptación.












