La terapeuta Sabrina Casal reflexionó sobre el rol emocional de los hijos dentro de las familias y aseguró que muchas veces los niños expresan conflictos, emociones o historias no resueltas de sus padres.
En diálogo con el programa Esta Mañana de NecRadio 98.3, Casal explicó conceptos vinculados a la denominada “Bioexistencia Consciente”, una corriente que propone observar síntomas y emociones desde una mirada integral y transgeneracional.
“Los hijos son grandes maestros”, sostuvo.
Según explicó, los niños funcionan muchas veces como una “proyección” emocional de sus padres y reflejan situaciones no resueltas tanto del presente como de la propia infancia de mamá y papá.
“Mi hijo me muestra quién fui y también qué tengo que resolver”, afirmó.
Durante la charla, la terapeuta planteó que síntomas físicos, dificultades escolares o problemas emocionales en niños pueden ser interpretados también como manifestaciones vinculadas a dinámicas familiares y emocionales.
“Muchas veces buscamos soluciones afuera y no miramos qué nos pasa a nosotros”, señaló.
En ese sentido, remarcó la importancia de la observación emocional, el autoconocimiento y la revisión de historias familiares.
“Cuando un síntoma aparece, también hay que mirar qué está contando”, expresó.
Casal sostuvo además que para esta mirada terapéutica no existen diferencias entre hijos biológicos y adoptivos en términos emocionales o simbólicos.
“El inconsciente toma lo real y lo simbólico de la misma manera”, explicó.
Uno de los momentos más personales de la entrevista fue cuando relató la historia del nombre de su hija, Alfonsina, y cómo años después vinculó esa elección con experiencias familiares relacionadas al agua y a pérdidas emocionales.
“Los nombres llegan por algo”, afirmó.
También habló sobre la repetición de nombres dentro de los árboles familiares y cómo muchas veces ciertos patrones reaparecen generación tras generación.
“Creemos que elegimos un nombre porque nos gusta, pero hay historias detrás”, señaló.
Durante la conversación, Casal insistió varias veces en la necesidad de trabajar las emociones propias para evitar trasladar conflictos a los hijos.
“La mejor herencia que podemos dejarles es trabajar en nosotros mismos”, sostuvo.
Además, remarcó que el objetivo de este tipo de abordajes no es reemplazar tratamientos médicos, sino complementar procesos de autoconocimiento y comprensión emocional.
Finalmente, dejó una reflexión sobre la crianza y los vínculos familiares.
“Cuando uno se conoce, puede acompañar mucho mejor a sus hijos”, concluyó.












