La circulación de enfermedades respiratorias continúa en aumento y los consultorios pediátricos registran una importante demanda de atención por cuadros compatibles con gripe. En este contexto, la pediatra Karina Mazeris brindó una serie de recomendaciones para las familias y aclaró algunas de las dudas más frecuentes que surgen cuando los niños presentan fiebre, síntomas respiratorios o malestar general.
Durante una entrevista radial, la profesional explicó que el virus que actualmente tiene mayor circulación es la Influenza A H3N2, una cepa que ya había provocado una importante epidemia en el hemisferio norte y que fue incorporada a la vacuna antigripal de este año.
“La circulación es la que se esperaba. Por eso la vacuna incluyó esta cepa y también se adelantó la campaña de vacunación”, señaló.
Según indicó, los cuadros que se observan con mayor frecuencia presentan fiebre alta durante tres a cinco días, acompañada por síntomas como tos, congestión nasal, dolor de garganta, dolor de cabeza y, en algunos casos, trastornos gastrointestinales.
La fiebre como mecanismo de defensa
Uno de los principales temores de madres y padres suele estar relacionado con la fiebre. Sin embargo, Mazeris remarcó que se trata de una respuesta natural del organismo frente a las infecciones.
“La fiebre forma parte de los mecanismos de defensa del cuerpo. Es una respuesta del sistema inmunológico cuando está enfrentando un virus o una bacteria”, explicó.
La especialista destacó que más importante que la temperatura en sí es observar cómo se encuentra el niño cuando la fiebre desciende.
“Cuando baja la fiebre y el chico juega, toma líquidos, se alimenta y se muestra activo, eso es un muy buen signo para nosotros”, sostuvo.
En este sentido, aclaró que los medicamentos antitérmicos tienen como principal objetivo brindar confort y mejorar el bienestar del paciente, más que modificar la evolución de la enfermedad.
Cuándo consultar de manera urgente
Si bien la mayoría de los cuadros evolucionan favorablemente, la pediatra advirtió que existen determinadas señales que requieren una evaluación médica inmediata.
Entre ellas mencionó la dificultad para respirar, la somnolencia excesiva, la falta de alimentación o hidratación, los vómitos persistentes y la aparición de manchas rojas en la piel que no desaparecen al presionarlas.
“Cuando aparecen esas lesiones puede existir una complicación bacteriana agregada y es importante consultar rápidamente”, indicó.
Asimismo, recomendó prestar especial atención a los bebés más pequeños, especialmente menores de seis meses, por tratarse de una población más vulnerable frente a este tipo de infecciones.
El riesgo de la automedicación
Otro de los puntos sobre los que hizo hincapié fue el uso incorrecto de antibióticos.
Mazeris recordó que los antibióticos no tienen efecto sobre los virus y que su utilización indiscriminada no mejora los cuadros gripales.
“Si la enfermedad es viral, por más antibióticos que se administren, no se modifica la evolución del cuadro”, explicó.
Por ese motivo, insistió en la importancia de realizar controles médicos y seguir las indicaciones profesionales antes de iniciar cualquier tratamiento.
El impacto de las pantallas en el desarrollo infantil
Además de referirse a las enfermedades respiratorias, la pediatra abordó una problemática cada vez más frecuente en los consultorios: el uso excesivo de celulares, tablets y otros dispositivos electrónicos durante la infancia.
Según señaló, la evidencia científica actual es contundente respecto de los efectos negativos que pueden producir en el desarrollo de los niños.
“Menores de tres años no deberían usar pantallas. Hoy eso prácticamente ya no se discute”, afirmó.
Entre las consecuencias más frecuentes mencionó retrasos en el desarrollo del lenguaje, dificultades cognitivas, problemas de atención, alteraciones en la motricidad fina y trastornos visuales.
“Lo primero que solemos observar es un retraso en el lenguaje. Muchas veces se retiran las pantallas y la mejoría es notoria”, explicó.
La profesional destacó la importancia de fomentar actividades recreativas tradicionales como el juego, el dibujo, la lectura y las actividades al aire libre.
“Los chicos tienen que jugar, moverse, pintar y estar al sol. Eso sigue siendo fundamental para un desarrollo saludable”, aseguró.
Prevención y vacunación
Finalmente, Mazeris recordó que la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz para reducir complicaciones.
Mantener los calendarios de vacunación completos, aplicarse la vacuna antigripal en los grupos de riesgo, ventilar los ambientes, lavarse las manos con frecuencia y evitar asistir a la escuela o al trabajo cuando existen síntomas respiratorios son algunas de las recomendaciones básicas.
“Si un chico tiene fiebre y síntomas gripales no alcanza con darle medicación y enviarlo igual a la escuela. Sigue siendo una fuente de contagio para sus compañeros”, concluyó.












