Muchas personas llevan una alimentación saludable, hacen actividad física y cumplen con todos los hábitos recomendados, pero aun así no logran bajar de peso. Según explicó la médica clínica Emilia Petrarca, una de las causas puede ser el estrés crónico, un factor que altera el metabolismo y modifica el funcionamiento del organismo sin que, en muchos casos, aparezcan cambios en los estudios de laboratorio.
Durante su columna en NecRadio 98.3, la profesional señaló que esta es una consulta cada vez más frecuente en el consultorio.
“Hay personas que vienen frustradas porque hacen ejercicio, comen sano y no entienden por qué no bajan de peso. Ahí empezamos a mirar otros factores, como el descanso y el nivel de estrés”, explicó.
Petrarca indicó que el estrés sostenido mantiene al organismo en un estado permanente de alerta, lo que favorece la producción de cortisol, una hormona que provoca cambios metabólicos importantes.
“El cuerpo entra en un modo ahorro. Produce más glucosa, utiliza menos energía, retiene líquidos y favorece la acumulación de grasa, especialmente en la zona abdominal”, detalló.
Además, aclaró que muchas veces estos cambios todavía no aparecen reflejados en los análisis clínicos, aunque ya comienzan a afectar la composición corporal.
“Podés tener estudios normales y, sin embargo, notar que aumentó la grasa corporal o que no conseguís bajar de peso pese a estar haciendo las cosas bien”, sostuvo.
La médica explicó que el descanso también cumple un rol fundamental en este proceso. Dormir pocas horas o tener un sueño poco reparador incrementa el nivel de estrés y dificulta el equilibrio hormonal.
“El primer gran desencadenante es dormir mal. Si el cuerpo no descansa correctamente, todo el sistema metabólico se altera”, afirmó.
Entre las recomendaciones, Petrarca destacó la importancia de mantener una alimentación personalizada, realizar actividad física, mejorar la higiene del sueño y prestar atención a la salud mental.
También aconsejó reducir el uso de pantallas antes de dormir, evitar el exceso de cafeína durante la tarde y recurrir a herramientas como la meditación o el acompañamiento psicológico cuando el estrés comienza a afectar la vida cotidiana.
“Primero hay que descartar que exista una enfermedad. Pero si el problema es el estrés, también hay que tratarlo. Porque si no se resuelve la causa, el cuerpo sigue respondiendo de la misma manera”, concluyó.












