El sancayetanense Francisco “Pancho” Alonzo, radicado actualmente en Buenos Aires, contó en primera persona el estremecedor momento que le tocó vivir durante el fuerte terremoto que sacudió a Venezuela, donde se encontraba por cuestiones familiares y laborales junto a su esposa, de nacionalidad venezolana.
En diálogo con NEC Radio 98.3, relató que todo comenzó con una alerta en su teléfono celular apenas unos segundos antes del movimiento sísmico. “Nos llegó un mensaje que decía ‘Alerta de sismo, póngase a resguardo’. Diez segundos después empezó a moverse todo. La casa, los postes, los autos… parecía que el suelo se iba a abrir”, recordó.
Alonso explicó que el movimiento duró menos de un minuto, aunque aseguró que “se hace eterno” por la desesperación y la incertidumbre del momento. Tras el sismo, se cortó la energía eléctrica y las comunicaciones, dejando a miles de personas sin posibilidad de contactar a sus familiares.
“Después del terremoto llega el silencio. Nadie entiende bien qué pasó y recién horas más tarde empezás a conocer la magnitud de la tragedia”, expresó.
El argentino señaló que había estado recorriendo la zona de La Guaira, una de las más afectadas por el desastre, apenas un día antes del terremoto, y que por cuestiones de trabajo decidió no regresar ese mismo día al lugar.
Con el correr de las horas comenzó a conocer historias de personas que perdieron sus viviendas, familiares e incluso todo su patrimonio bajo los escombros.
“Lo que muestran los medios es solo una parte. Cuando hablás con la gente entendés que el impacto fue muchísimo mayor y que todavía queda mucho por descubrir cuando terminen de remover los escombros”, afirmó.
También destacó la solidaridad de muchos vecinos que colaboraron de inmediato en las tareas de rescate, aunque lamentó que algunas personas intentaran aprovecharse de la situación.
Finalmente, reconoció que la experiencia dejó una fuerte huella emocional.
“Después de vivir algo así quedás en estado de alerta. Cualquier ruido o movimiento te hace pensar que vuelve a pasar. Es una sensación muy difícil de explicar”, concluyó.












