Nicolás Toñanes y Alexis Dibiase pasaron por los micrófonos de la radio y compartieron mucho más que los secretos de la barbería. Entre anécdotas, clientes que se convierten en amigos y una historia de superación, hablaron del oficio, del trabajo en equipo y de la importancia de volver a empezar cuando la vida pone a prueba.
Hay lugares donde uno va a cortarse el pelo y otros donde, además, encuentra una charla, un mate, una ronda de amigos y un rato para desconectarse de todo. Las barberías se han convertido en espacios de encuentro, especialmente entre los más jóvenes, aunque cada vez son más las personas de distintas edades que eligen esta experiencia.
De eso hablaron Nicolás Toñanes y Alexis Dibiase durante su visita a Esta Mañana, en una entrevista que comenzó recorriendo las particularidades de un oficio que crece en Necochea y Quequén, pero que terminó dejando una historia de esfuerzo, compañerismo y superación.
Nicolás, que lleva cinco años al frente de su barbería ubicada en 79 y 4, trabaja junto a un equipo de cinco barberos. De lunes a sábado, la actividad se extiende desde las 9.15 hasta las 21, con clientes que llegan en busca de un corte, pero también de ese ambiente de confianza que se construye con el tiempo.
“Tratamos de que no sea solamente el corte de pelo, sino que sea una experiencia”, explicó.
Y vaya si lo consiguen. Hay grupos de amigos que se ponen de acuerdo para ir juntos, llevan el mate y pasan buena parte de la tarde entre conversaciones, risas y cambios de look. El barbero trabaja, escucha y, muchas veces, termina siendo parte de las historias que se comparten alrededor de cada sillón.
Porque el pelo crece, el corte se renueva y las modas cambian, pero la confianza permanece. Hay clientes que reservan siempre el mismo día y a la misma hora, mientras que otros llevan años eligiendo al mismo profesional. No se trata necesariamente de que los demás corten peor, sino de una relación que se construyó con el tiempo.
De las tortas fritas a la barbería
Entre las historias que dejó la charla, la de Alexis fue una de las más conmovedoras.
Su camino comenzó por una necesidad cotidiana: quería cortarse el pelo, pero su familia atravesaba dificultades económicas y no siempre podía pagarle un corte. Entonces decidió aprender por su cuenta, vendiendo rosquitas y tortas fritas para juntar dinero y comprarse su primera máquina.
Sin cursos ni formación inicial, empezó a practicar con sus amigos, mirando videos y aprendiendo a partir del ensayo y el error.
“Yo quería cortarme bien el pelo y ahorrarme un billete, pero después se fue transformando en otras cosas”, contó.
Aquello que había comenzado como una solución personal terminó convirtiéndose en una profesión. Alexis buscó oportunidades, insistió y se propuso mejorar. Cuando conoció la barbería de Nicolás, encontró un lugar donde quería trabajar y aprender.
Durante un mes y medio se acercó todos los días para seguir perfeccionándose, incluso mientras trabajaba en otro establecimiento. Hasta que un día tuvo su oportunidad: faltó uno de los barberos y Nicolás le propuso salir a la cancha.
Alexis recordó que en aquella jornada llegó a realizar nueve cortes. Desde entonces, se ganó su lugar dentro del equipo.

Nicolás destacó precisamente esa actitud: las ganas de progresar, la perseverancia y la voluntad de seguir aprendiendo. Para él, incorporar a alguien al equipo no depende solamente de sus conocimientos técnicos, sino también de su compromiso y de las ganas de crecer.
Un equipo que también aprende de sus integrantes
En la barbería hay estilos y técnicas diferentes, aunque no siempre el cliente logra distinguir quién realizó cada corte. Entre los profesionales, en cambio, los detalles marcan la diferencia.
Los degradados, los diseños, las estrellas, los dibujos y las tinturas forman parte de las tendencias que se renuevan constantemente. Durante el Mundial de Qatar, por ejemplo, los cortes con referencias a la Selección Argentina y al Dibu Martínez tuvieron una enorme demanda.
También hay lugar para los clásicos y para los clientes de más edad, que buscan cortes tradicionales. La convivencia entre la peluquería de vieja escuela y las nuevas técnicas de barbería obliga a los profesionales a seguir capacitándose y adaptándose a lo que pide cada persona.
En ese sentido, Nicolás y Alexis destacaron la importancia de intercambiar experiencias con colegas de otras ciudades, participar de encuentros y mantenerse actualizados a través de las redes sociales.
Pero también hablaron de algo que no se aprende necesariamente en un curso: el trabajo en equipo. Compartir el espacio, escuchar a los compañeros, aceptar las críticas y ayudar a resolver diferencias son parte de la dinámica cotidiana.
Para Nicolás, rodearse de personas que tengan ganas de progresar es fundamental. Y Alexis es un ejemplo de esa búsqueda constante.
Volver a empezar después del fuego
La entrevista tomó un tono más profundo cuando apareció otro capítulo de la vida de Alexis: el incendio que destruyó la casa donde había crecido desde los nueve años, una vivienda que había heredado de su padre, ya fallecido.
La tragedia movilizó a vecinos, amigos y medios de comunicación, que ayudaron a difundir su situación y a reunir la solidaridad necesaria para que pudiera reconstruir su hogar.
Hoy, aunque todavía quedan detalles por terminar, Alexis volvió a tener su casa. Y en ese proceso hubo algo que considera tan importante como levantar las paredes: hacerlo acompañado por sus amigos.
Contó que nunca pensó en bajar los brazos, incluso cuando vio su vivienda envuelta en llamas. Sabía que tendría que empezar de nuevo, aunque eso significara perder una parte de su historia.
“Yo ahí crecí desde los nueve años. Fue la casa que me dejó mi viejo. Ahí se fue una parte de mí”, recordó.
Sin embargo, también encontró una manera de mirar hacia adelante. La reconstrucción fue un trabajo compartido con sus amigos, que pusieron manos a la obra y lo acompañaron a levantar nuevamente su hogar.
“Lo que yo estoy creando, lo estoy creando yo”, expresó, agradecido por haber podido reconstruir no solamente su casa, sino también algunos vínculos que se habían distanciado.
En ese camino, dejó una reflexión sobre la amistad: para él, un amigo no es solamente quien está presente en los buenos y malos momentos, sino también quien acompaña cuando uno se equivoca, ayuda a aprender y permite volver a empezar.

El valor de dar una oportunidad
La historia de Alexis también habla de la importancia de encontrar personas que crean en uno. Nicolás abrió las puertas de su barbería a un joven que tenía ganas de aprender, que insistió y que demostró con hechos cuánto deseaba progresar.
Hoy comparten horas de trabajo, clientes, charlas y aprendizajes. Y aunque uno esté al frente del negocio, ambos reconocen que el crecimiento es mutuo: los integrantes del equipo también aportan ideas, conocimientos y nuevas formas de hacer las cosas.
Antes de despedirse, Nicolás agradeció a los medios que acompañaron la difusión de la situación de Alexis tras el incendio y que contribuyeron a que la ayuda llegara a más personas.
La charla dejó una enseñanza que va mucho más allá de una máquina de cortar pelo: las oportunidades se construyen con esfuerzo, pero muchas veces también aparecen cuando alguien está dispuesto a abrir una puerta.
Entre mates, anécdotas y proyectos, Nicolás y Alexis demostraron que una barbería puede ser mucho más que un lugar para renovar el look. Puede ser un espacio de encuentro, aprendizaje y compañerismo, donde los sueños empiezan de a poco y donde, incluso después de perderlo todo, siempre existe la posibilidad de volver a empezar.











