Un hospital con raíces profundas en la historia sanitaria del país
El Hospital Irurzun no es solo un edificio ni un efector de salud más. Su origen se remonta a 1947, cuando un vecino de la comunidad, José Irurzun, realizó la donación que permitió su creación como hospital nacional. En su inauguración estuvo presente Ramón Carrillo, figura central de la salud pública argentina y primer secretario de Salud del país, en una época en la que aún no existía el Ministerio de Salud.

Ese dato no es menor: marca el ADN del hospital, ligado desde su nacimiento a una concepción de la salud como derecho y como política pública. Con el paso de los años, el Irurzun atravesó distintos momentos institucionales: fue hospital nacional, luego provincial en la década del 70 y finalmente municipalizado en los años 80, en el marco de las reformas del sistema de salud. Cada etapa dejó su huella y moldeó una institución que hoy sigue siendo clave para Quequén y la región.
De los pabellones al trabajo integrado
Durante muchos años, los hospitales funcionaban bajo un esquema pabellonado: sectores aislados, internaciones compartidas y poca articulación entre servicios. “Era otro momento de la medicina y de la salud pública”, explica Marcelo Lacerna, actual director del hospital. Hoy el desafío es distinto: integrar, articular y generar cuidados intermedios que permitan una atención más humana, eficiente y segura.
El Irurzun viene transitando ese camino, adaptando una estructura edilicia histórica a las necesidades actuales. Eso implica reformas visibles, pero también muchas que no se ven. Mejorar instalaciones eléctricas, calefacción, calderas y sistemas estructurales es tan importante como sumar servicios. Si lo básico no funciona, nada funciona. Por eso, muchas decisiones de gestión apuntan primero a sostener el corazón del hospital.
Un hospital que es parte de un sistema
Uno de los ejes centrales de la gestión actual es entender al Irurzun como parte de un sistema de salud más amplio. No es un espacio aislado: articula permanentemente con los centros de atención primaria y con hospitales de mayor complejidad. Esa red permite ordenar derivaciones, optimizar recursos y garantizar respuestas más rápidas.
Al mismo tiempo, el hospital cumple un rol de referencia regional en varios servicios. Cuenta con el único mamógrafo de salud pública del distrito, lo que lo convierte en un punto clave durante campañas como Octubre Rosa. También se destaca en rehabilitación, urología, controles preocupacionales y libretas sanitarias, recibiendo pacientes no solo de Quequén y Necochea, sino también de localidades vecinas.
Gestión, diálogo y sentido de pertenencia
Lacerna pone el acento en una forma de conducción basada en la escucha y el trabajo colectivo. El hospital funciona gracias a más de 150 personas entre profesionales, personal administrativo, enfermería, mantenimiento y maestranza. Cada uno conoce su área, su historia y sus dificultades. Escuchar esa experiencia es clave para mejorar.
No se trata de evitar los conflictos, sino de abordarlos. Puertas abiertas, diálogo directo y respeto por los referentes de cada servicio son pilares de la gestión. La idea es clara: generar mejores condiciones de trabajo para que eso se traduzca en una mejor atención para la comunidad.
La cooperadora y el valor de lo colectivo
Un capítulo aparte merece la Cooperadora del Hospital Irurzun, que viene cumpliendo un rol fundamental. Su acompañamiento permite avanzar en mejoras concretas que muchas veces no llegan por los canales tradicionales. Es un trabajo silencioso, pero decisivo, que fortalece el funcionamiento diario del hospital y su vínculo con la comunidad.
Nada de esto sería posible sin el compromiso de quienes sostienen el hospital desde hace décadas. Cada trabajador dejó su marca. “Hoy me toca estar acá, mañana le tocará a otro”, reconoce Lacerna, destacando que la historia del Irurzun es una construcción colectiva que se renueva generación tras generación.
79 años y un presente con proyección
A 79 años de su fundación, el Hospital Irurzun atraviesa un buen momento, en un contexto general complejo para la salud pública. No se trata de grandes gestos, sino de mejoras constantes, planificación y una mirada integral que combina atención, prevención y promoción de la salud.
El desafío es sostener y profundizar ese camino: un hospital que cuide a quienes cuidan, que escuche, que se adapte y que siga siendo un pilar sanitario y humano para Quequén y toda la región.












