En las últimas semanas, una creciente inquietud comenzó a colarse en los pasillos del comercio local, en las charlas entre empresarios y en las oficinas donde se maneja el pulso económico de la ciudad. La aparición de un número muy importante de cheques sin fondo ha encendido las alarmas: se habla de cifras millonarias, de profesionales involucrados y de un impacto directo sobre comerciantes y empresarios que, de la noche a la mañana, se encontraron con papeles que no tienen respaldo.
¿Estamos frente a una estafa premeditada? ¿O acaso es el resultado de una cadena de incumplimientos producto de una economía cada frágil? Las versiones son muchas, pero lo concreto es que hay vecinos gravemente perjudicados y una ciudad entera sumida en la incertidumbre y comentarios de todo tipo.
Los nombres que empiezan a circular no son ajenos a la comunidad. Se trataría de personas vinculadas a la distribución de carne, incluso marcan que tendría cadena de carnicerias. Una actividad clave en la cadena comercial local, y también de profesionales, de la actividad contable, con trayectoria en la ciudad. Un tercer integrante sería oriundo de la vecina ciudad de Lobería. El golpe es doble: no solo por el daño económico, sino por la pérdida de confianza. En tiempos donde el crédito comercial funciona muchas veces con la palabra y la cercanía, estos episodios terminan por romper los lazos más elementales.

Lo más preocupante, además del perjuicio concreto, es el silencio. ¿Se han radicado denuncias? ¿Actúa la Justicia de oficio frente a un movimiento de cheques que comprometería a tantas personas? El hermetismo solo contribuye a alimentar sospechas y deja a la comunidad sin herramientas claras para entender lo que está pasando.
Este no es solo un conflicto entre partes privadas. Cuando los montos son millonarios, (se dice que en esta oportunidad la cifra ascenderia a millones de dólares), cuando hay varios actores involucrados y cuando el impacto se extiende a múltiples rubros, lo que está en juego es la salud económica de toda una ciudad. Por eso es urgente que las autoridades judiciales investiguen, que las entidades bancarias refuercen los controles y que, si se trata de una maniobra delictiva, los responsables den la cara y respondan ante la ley.
En estos tiempos de fragilidad económica, cada eslabón cuenta. Y lo que está en juego no es solo el valor de un cheque: es la confianza en que todavía se puede hacer comercio con honestidad.












