En el aire con Miguel Abalsamo, la voz pausada pero firme de Juan Carlos Moreyra, Mayor retirado de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, traza un panorama crudo y realista de la fuerza de seguridad bonaerense. Invitado al programa radial, Moreyra, quien también conduce “Activos por Vocación de Servicio” en FM 88.5, no se guarda nada al analizar la compleja situación que atraviesan los uniformados.
El germen de su programa radial se remonta a septiembre de 2020, un momento álgido para la policía bonaerense con la desafectación de 40 efectivos en Necochea, parte de un total de 700 en toda la provincia. “Ya es una decisión política, porque se vencieron todos los plazos administrativos, y el efectivo tendría que estar trabajando ya en mínimo hace ya dos años para atrás”, denuncia Moreyra, dejando entrever un trasfondo de conflicto y desidia.
La movilización policial de aquel entonces, con protestas frente a la Casa de Gobierno en Olivos, es para Moreyra “el error más grande”. Si bien comprende el dolor de sus compañeros desafectados, considera que “no era por ahí” el camino para reclamar.

La conversación deriva en la merma significativa de personal policial en Necochea. De 520 efectivos en 2020, hoy apenas llegan a 200. ¿La razón? Desafectaciones, retiros, carpetas médicas y, sobre todo, el traslado de nuevos egresados a la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI) en el Gran Buenos Aires. “Eso hace que la capacidad operativa de ciudades como Necochea, Balcarce, Tres Arroyos, Bahía Blanca, Mar del Plata, hablo de la zona de influencia, estén trabajando en el Gran Buenos Aires”, explica con preocupación.
La falta de personal se traduce en una menor capacidad operativa, con 20 patrulleros menos en las calles de Necochea. Y en plena pandemia, la situación se agravó con la desafectación inmediata de los uniformados, quienes primero cobraron el 50% de su sueldo y luego se quedaron sin percibir “absolutamente nada”. Hoy, tras dos años de sumario, vuelven a cobrar el 100% pero sin destino, sin poder trabajar. “Por una decisión política del gobierno de la provincia de Buenos Aires”, sentencia Moreyra.
La ausencia de un sindicato policial en Argentina es otro punto crucial. Moreyra explica que, a diferencia de países como Uruguay, Brasil o varias naciones europeas, las fuerzas de seguridad argentinas no tienen representación sindical para negociar salarios o condiciones laborales. Si bien la Confederación Interamericana de Derechos Humanos sugiere la necesidad de sindicalización, el temor al “derecho a huelga” frena cualquier avance. “Nosotros no queremos huelga, solamente que tengamos representantes”, aclara Moreyra.
La profesionalización de la fuerza es otro tema que preocupa. Si bien reconoce avances en la capacitación durante la gestión de León Arslanián, lamenta que estas políticas públicas no tengan continuidad. La falta de entrenamiento constante en el manejo de armas, tácticas operativas y el uso de la tecnología es un déficit que pone en riesgo la seguridad de los propios policías y de la ciudadanía.
Moreyra también aborda la complejidad del sistema judicial y la percepción de la sociedad sobre la labor policial. Explica detalladamente el proceso de una investigación por drogas, desde la denuncia hasta la intervención de la policía científica y la decisión del fiscal y el juez. Desmitifica la idea de la “puerta giratoria”, señalando que muchas veces la liberación de un detenido no depende de la policía, sino de las pruebas y los antecedentes que evalúa la justicia. “Y sin embargo, siempre la culpa la tiene la policía. Pero bueno, lamentablemente corremos con esa mochila”, reflexiona con resignación.
Consultado sobre qué gobiernos provinciales brindaron mayor protección a la fuerza, Moreyra evita caer en ideologías, pero destaca las políticas de capacitación implementadas por Arslanián. Sin embargo, critica la unificación de la formación de oficiales y suboficiales, una medida que considera desacertada.
Un rayo de esperanza en este panorama sombrío es la presencia de autoridades policiales oriundas de Necochea en la cúpula local. “Hoy tenemos un lineamiento en Necochea que es un caso histórico de tener un superintendente que es de Necochea, de tener un jefe departamental que es de Necochea. Y todos los jefes comisarios son de Necochea. Eso es algo, para nosotros, muy bueno”, afirma Moreyra, destacando el conocimiento del territorio y el vínculo con la comunidad que poseen estos jefes.
La charla con Juan Carlos Moreyra es un llamado de atención, una radiografía sin filtros de una institución que, a pesar de las dificultades y los desafíos, sigue adelante gracias a la vocación de servicio de muchos de sus integrantes. Su testimonio es un espejo donde la sociedad necochense y bonaerense pueden ver reflejada la compleja realidad de su policía.












