El Camping Miguel Lillo atraviesa un verano con características poco habituales. Si bien enero presentó mejores condiciones climáticas que la temporada anterior, la ocupación mostró un comportamiento marcado por estadías muy breves y una fuerte concentración de visitantes durante los fines de semana.
Según explicaron desde el complejo, de lunes a jueves la afluencia de público desciende considerablemente, lo que dificulta sostener una estructura de gran tamaño con pocos acampantes. Esta situación, indicaron, se repite en distintos puntos de la costa atlántica y no responde únicamente a una realidad local.
Cambios en el perfil del visitante
Uno de los aspectos más notorios de la temporada es la caída del campamento tradicional. Desde el Camping Miguel Lillo señalaron una fuerte disminución de la clase media trabajadora que solía vacacionar en carpa, mientras que creció la presencia de casillas rodantes y motorhomes, un fenómeno que se vuelve más visible ante la ausencia de acampantes.
Actualmente, el promedio de estadía ronda apenas los dos días, muy lejos de las seis o siete jornadas que se registraban en temporadas anteriores. Esta reducción impacta directamente en la sustentabilidad del predio, que afronta costos fijos durante todo el año y dispone de un período acotado para generar ingresos.
Mejoras e inversiones durante el último año
A pesar del contexto complejo, el Camping Miguel Lillo incorporó mejoras importantes de cara a esta temporada. Se completó la iluminación del alumbrado público, permitiendo una mayor seguridad y visibilidad nocturna, y se renovaron los baños con nueva iluminación LED y bancos, trabajos que fueron valorados por los visitantes.
Además, se realizó una obra hidráulica interna pensada para responder a lluvias intensas, una problemática recurrente en veranos anteriores. La infraestructura fue puesta a prueba y respondió de manera positiva, evitando anegamientos dentro del predio.
Expectativa puesta en febrero y carnaval
Con la mirada puesta en lo que resta del verano, las expectativas están centradas en febrero, especialmente en el fin de semana largo de carnaval, que ya muestra un importante nivel de consultas. Desde el complejo confían en que ese período permita mejorar los niveles de ocupación y extender las estadías.
En paralelo, se están desarrollando campañas de promoción para atraer visitantes y lograr que quienes lleguen a la ciudad permanezcan más tiempo. Desde la administración del camping sostienen que, si bien el escenario es desafiante, febrero podría traer un repunte que ayude a equilibrar una temporada marcada por la brevedad de las visitas.












