Mientras prepara a una nueva generación de cinturones negros, vuelve a subirse al tatami y abre una escuela en San Cayetano.
Carlos Correa vive una etapa distinta. Después de años donde su prioridad fue competir y hacerse un nombre dentro del taekwondo, hoy su foco principal está puesto en la formación. Pero eso no significa que haya dejado de pelear. Todo lo contrario: este año volverá a competir en torneos internacionales mientras proyecta el crecimiento de su escuela dentro y fuera de Necochea.
“El orden de las cosas cambió. Antes mi prioridad era competir yo. Hoy lo más importante es enseñar, formar chicos y acompañarlos en el proceso”, explicó en diálogo con Zoom Deportivo.
Formación antes que talento
Con más de 30 años enseñando, Correa asegura que aprendió algo clave: el talento natural no garantiza resultados.
“Los que llegan son los que se esfuerzan. No los virtuosos. El que entrena, el que insiste, el que le cuesta y sigue, ese es el que logra cosas”, sostuvo.
En ese camino, este será un año fundamental para varios de sus alumnos, entre ellos un grupo de chicos que atraviesan la etapa previa al cinturón negro prejuvenil. La idea es que compitan en todos los torneos posibles para sumar experiencia.
En el último Campeonato de la Costa, en Mar del Plata, su escuela volvió a destacarse con varios podios en categorías Danes. Su hijo Santiago fue campeón en adultos hasta 82 kilos, pero también hubo títulos y actuaciones destacadas de otros competidores del equipo.
“Más allá de que sea mi hijo, lo importante es que siempre tenemos alumnos en el podio. Eso es fruto del trabajo”, afirmó.
Disciplina, valores y compromiso
Correa mantiene su línea tradicional dentro del taekwondo ITF, disciplina en la que trabaja hace más de dos décadas bajo el mismo alineamiento técnico.
En tiempos donde los chicos alternan múltiples actividades, el instructor tiene una postura clara: probar está bien, pero comprometerse es fundamental.
“Si prueban todo y no profundizan en nada, terminan dejando todo. El deporte les da valores y disciplina. Cualquier deporte es bueno, pero hay que sostenerlo”, señaló.
Incluso en su casa la regla es clara: una vez que sus hijos eligieron el taekwondo y avanzaron en graduaciones, deben completar el proceso hasta llegar a cinturón negro.
Nuevo desafío: San Cayetano
Además de su escuela en Necochea y el desarrollo consolidado en Lobería —donde ya cuenta con instructores formados—, desde esta semana Correa suma un nuevo proyecto.
A partir de mañana comenzará a dictar clases en el Club Sportivo de San Cayetano, donde ofrecerá taekwondo y kickboxing, disciplinas que actualmente no tienen presencia formal en esa ciudad.
“Primero voy a viajar yo, ser puntual con las clases y empezar a formar gente. A largo plazo la idea es que haya instructores locales”, explicó.
El objetivo es repetir el modelo que ya le dio resultados en otras localidades: formar deportistas, acompañarlos en competencia y consolidar equipos propios.
Competir para seguir enseñando
Aunque reconoce que el paso del tiempo y las responsabilidades hacen más exigente la preparación, Correa no abandona el desafío personal.
Este año apunta a la Copa del Mundo en Punta del Este y a un torneo internacional en Mar del Plata que incorporará artes marciales dentro de un formato multidisciplinario.
“Se me hace más difícil entrenar como antes, pero por lo menos dos años más quiero competir”, aseguró.
Entre la docencia, la expansión regional y el regreso al tatami, Carlos Correa atraviesa una etapa de equilibrio: menos búsqueda personal de reconocimiento y más construcción colectiva.
Pero con la misma pasión de siempre.












