Hernán Ricaldoni y Lucía Rossi contaron cómo fue la restauración del ícono portuario y el nacimiento de una galería a mil metros mar adentro
La Escollera Sur ya no es solo un punto estratégico del Puerto Quequén. Es, definitivamente, un paseo cultural.
La restauración del mural “Reflejos”, obra original de Jacqueline Abraham no solo recuperó un patrimonio emblemático sino que consolidó algo mucho más ambicioso: una galería de arte a cielo abierto en pleno mar, a mil metros de la costa.
“Estamos mil metros mar adentro y desde ahí se ve todo: Quequén, Necochea, el puerto, los molinos. Es un paisaje urbano impresionante”, explicó Hernán Ricaldoni, quien encabezó los trabajos junto a un equipo de artistas locales.
Un mural que se volvió postal
“Reflejos” fue inaugurado en 2008 y en 2011 fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación por ser el mural más grande del país en ese momento.
Ricaldoni recordó que fue convocado por primera vez para restaurarlo en 2011 y que esta nueva intervención tuvo un desafío particular: realizarla en pleno enero, bajo temperaturas extremas.
“Trabajábamos temprano, cortábamos al mediodía por el calor y volvíamos a la tarde. Los atardeceres que vivimos ahí fueron increíbles”, contó.
Siete artistas participaron de la restauración, que llevó varias semanas de trabajo intenso bajo sol, viento y salitre.
La galería que nació sin planearlo
Lo que comenzó como un simple “aprovechemos la pintura que sobró” terminó convirtiéndose en algo inédito: la galería “Mar Adentro”.
Doce artistas intervinieron corelogs —los bloques de protección portuaria— con obras propias que representan identidad local, fauna, retratos y escenas vinculadas al entorno marítimo.
“Sin darnos cuenta hicimos la única galería de arte a mil metros mar adentro. No existe algo así en el mundo”, afirmó Ricaldoni.
Lucía Rossi, una de las artistas participantes, explicó que cada creador tuvo libertad temática:
“Cada uno representó su identidad. Muchos tomaron elementos del puerto, otros trabajamos desde lo personal. Yo, por ejemplo, pinté peces, que es algo que me acompaña desde siempre.”
En total, hoy la escollera reúne más de 14 obras entre el mural principal y los corelogs intervenidos.
Arte, turismo y cambio de mentalidad
Para Ricaldoni, el desafío ahora no es artístico sino cultural.
“El arte genera trabajo, turismo y permanencia. Si alguien se queda un día más en Necochea porque quiere ver esta galería, ya estamos sumando desarrollo”, sostuvo.
También planteó la necesidad de cambiar ciertas miradas que enfrentan cultura con otras necesidades sociales.
“Las partidas son diferentes. El arte no le quita recursos a la salud ni a las calles. Al contrario, genera movimiento económico: pinturerías, fletes, medios, turismo.”
La escollera, con acceso vehicular y asfaltado en buenas condiciones, se consolida como paseo alternativo al parque o la playa, con vistas panorámicas que alcanzan varios kilómetros de costa.
¿El próximo paso? Un mirador
Durante la charla surgió una idea que podría potenciar aún más el espacio: la construcción de uno o dos miradores elevados que permitan apreciar la vista completa del puerto, el río y la ciudad.
“Desde arriba la vista es impresionante. Podría ser otro atractivo turístico más”, deslizó Ricaldoni.
La experiencia ya demuestra que el lugar convoca: turistas, fotógrafos, influencers, vecinos y hasta visitas guiadas portuarias que finalizan el recorrido frente al mural.
Arte que elige quedarse
Ricaldoni ha expuesto en distintos lugares del mundo, pero elige presentar sus trabajos más importantes en Necochea.
“Es mi lugar de pertenencia. Mis mejores exposiciones quiero hacerlas acá.”
Lucía Rossi, recientemente recibida como profesora de artes visuales, comenzó pintando el mural de la 83 a los 19 años y hoy forma parte de esta intervención histórica.
La escollera dejó de ser solamente infraestructura portuaria. Hoy es postal, paseo, identidad y galería.
Y, quizás, uno de los atractivos más singulares del país.












