En una esquina del barrio, entre potreros improvisados y tardes compartidas, nació una idea que hoy empieza a tomar forma. El Club del Progreso no tiene sede propia ni grandes recursos, pero sí algo mucho más importante: un objetivo claro y un compromiso social que crece día a día.
El proyecto es impulsado por Walter Blackal, quien decidió actuar frente a una realidad cotidiana: chicos jugando en la calle, expuestos a riesgos y sin un espacio propio.
“Tenía que hacer algo. Generar un lugar para que estén contenidos”, contó.
De una vereda a un equipo
Todo comenzó de manera simple: una pelota, dos arcos de madera y un terreno acondicionado a pulmón. Con el tiempo, ese espacio se transformó en un punto de encuentro para chicos del barrio y también de otras zonas.
Allí no solo se juega al fútbol. También hay meriendas, ayuda para quienes lo necesitan y, sobre todo, un ambiente de cuidado.
“Hay chicos que vienen y por ahí les falta una zapatilla o una camiseta. Tratamos de dar una mano en todo”, explicó.
Un club que busca crecer
Con el paso de los meses, la iniciativa dio un paso más: la conformación de un equipo de adultos para competir en la Liga Social Amateur, con la idea de sostener económicamente el proyecto.
Actualmente, el plantel cuenta con más de 30 jugadores y es dirigido por Eduardo Mas junto a un grupo de colaboradores.
El objetivo no es solo competir, sino generar recursos que permitan seguir acompañando a los más chicos.
Todo a pulmón
El crecimiento no está exento de dificultades. Sin financiamiento fijo, el club se sostiene a través de rifas, donaciones y el esfuerzo colectivo.
Desde la indumentaria hasta los botines, todo se consigue gracias a la solidaridad de vecinos y conocidos.
“Todo tiene un costo y lo hacemos paso a paso. Esto es progreso: un poquito cada día”, resumió Walter.
El gran desafío: un espacio propio
Uno de los principales objetivos es conseguir un terreno adecuado para desarrollar las actividades.
Hoy entrenan en un espacio reducido y adaptado, pero sueñan con una cancha más grande, iluminación y mejores condiciones para los chicos.
Incluso ya iniciaron gestiones para lograr la apertura de una calle que facilite el acceso al predio.
Más que fútbol
Más allá de lo deportivo, el Club del Progreso tiene una esencia social muy marcada.
La idea es formar una institución formal, con comisión directiva y personería jurídica, pero sin perder el eje principal: la contención de los chicos.
“Esto empezó por ellos y siempre va a ser por ellos”, remarcaron.
En tiempos donde las dificultades económicas golpean fuerte, iniciativas como esta demuestran que, con compromiso y trabajo, el deporte puede ser mucho más que un juego: puede ser una herramienta de inclusión, pertenencia y futuro.












