Andrea Rondanina pasó por Zoom El Deportivo y protagonizó una entrevista cargada de emoción, recuerdos y enseñanzas al hablar de su hija Anita Peralta. En una charla atravesada por el amor, contó cómo continúa manteniendo viva su memoria, el homenaje que recibirá en la Liga Marplatense de Vóley y el estreno de un documental que buscará dejar un mensaje para las nuevas generaciones. “Hasta que yo no esté más, la voy a honrar siempre”, expresó.
Hay entrevistas que van mucho más allá de una noticia. Que atraviesan la radio, que invitan a detenerse y, sobre todo, a escuchar. La visita de Andrea Rondanina a Zoom, fue una de ellas. Con una enorme sensibilidad, pero también con una fortaleza que conmueve, habló de su hija Anita Peralta, de su pasión por el vóley, de los sueños que quedaron pendientes y de la huella imborrable que dejó en quienes tuvieron la posibilidad de conocerla.
La conversación llegó en un momento muy especial. Hace pocos días se conoció que la Asociación Marplatense de Vóley decidió homenajear a Anita poniendo su nombre a todas las categorías de la Liga de Mar del Plata. Una iniciativa que emocionó profundamente a Andrea y que representa mucho más que un reconocimiento deportivo: es una manera de mantener presente a una joven que supo ganarse el cariño y la admiración de toda una comunidad.
Según contó, hace aproximadamente diez días recibió el llamado de Martín Medina, presidente de la Asociación Marplatense de Vóley, quien le comunicó la propuesta y le pidió autorización para realizar el homenaje. La respuesta fue inmediata. Para Andrea, que una competencia regional lleve el nombre de su hija significa reconocer todo lo que Anita dejó como persona y como deportista.
“Es un homenaje hermoso, muy lindo. Es un poco más de la huella que ella ha dejado”, expresó.
Y en esa huella aparece también el vóley, el deporte que Anita amaba y que fue una parte fundamental de su vida. Volver a una cancha después de su partida significó para Andrea enfrentarse a una ausencia imposible de disimular. Recordó especialmente el homenaje que se realizó durante la apertura del Open Neco, donde estuvo presente y vivió un momento muy movilizador.
“Fue la primera vez que volví a entrar a una cancha de vóley y no ver a Anita, que era lo que llamaba y que siempre estaba por ahí”, contó.
Una pasión que no conocía límites
Cuando Andrea comenzó a recordar a Anita como jugadora, apareció rápidamente la imagen de una adolescente apasionada, exigente consigo misma y con una enorme voluntad de superación.
Era líbero, una posición que le permitía desplegar toda su energía dentro de la cancha. Se tiraba para todos lados, buscaba cada pelota y no se conformaba fácilmente con sus actuaciones. Quería mejorar, corregir errores y dar siempre un poco más.
Su compromiso con el vóley era tal que viajaba regularmente a Mar del Plata para entrenar en Once Unidos. Salía de la escuela, muchas veces comiendo durante el viaje, recorría dos horas en remis, realizaba preparación física y entrenaba. Pero su jornada deportiva no siempre terminaba allí: al regresar a Necochea, en algunas oportunidades continuaba practicando hasta la medianoche.
“Era apasionada, apasionada. Si era por ella, todos los días tenía que entrenar”, recordó su mamá.
Anita tenía un sueño: llegar a la Selección Argentina. Durante los días en los que permaneció internada en Mar del Plata, Andrea recibió mensajes y audios del mánager de Las Panteras, que había manifestado su interés en conocerla.
Para una madre que esperaba desesperadamente una recuperación, aquella noticia representaba una ilusión enorme. “Mi sueño era que ella salga. No pensé que no iba a salir de esa situación. La querían conocer, así que hubiese sido para ella un sueño hecho realidad”, relató con emoción.
Pero Anita no se destacaba solamente por sus condiciones deportivas. Andrea hizo especial hincapié en su calidad humana, en su compañerismo y en esa capacidad de estar pendiente de los demás incluso en medio de la competencia.

Era exigente con su propio rendimiento, pero también sabía acompañar. Si una rival lloraba después de perder, se acercaba a darle ánimo. También alentaba a las chicas que recién comenzaban y buscaba que pudieran vivir sus primeras experiencias dentro de una cancha.
En uno de esos recuerdos apareció una historia que refleja perfectamente su personalidad: mientras estaba en Mar del Plata, organizó desde allí la participación de sus compañeras principiantes en un torneo en Necochea. Se comunicó con las chicas y sus familias, coordinó todo y consiguió que al día siguiente pudieran presentarse a competir. Aquellas jugadoras terminaron consagrándose campeonas.
Pequeños grandes gestos que explican por qué Anita dejó una marca tan profunda.
Un documental para que su historia siga enseñando
Otro de los momentos centrales de la entrevista estuvo relacionado con el estreno del documental dedicado a su vida. La producción, realizada por el mismo productor de El sueño de Magalí, nació a partir del impacto que generó la historia de Anita y la cantidad de personas que se movilizaron durante su internación, a través de cadenas de oración, mensajes y muestras de afecto.
Andrea reconoció que inicialmente tuvo dudas, pero finalmente entendió que podía ser una oportunidad para transmitir algo mucho más grande que una historia personal.
El documental reunirá testimonios de amigas, compañeras de Once Unidos, su hermana Sofía, su tía y de la propia Andrea. La intención es mostrar quién era Anita, cómo vivía el deporte, cuáles eran sus sueños y qué enseñanzas dejó en quienes compartieron su camino.
“Era un ser de luz, una nena empática, buena, se esforzaba, amaba el vóley, era muy resiliente”, describió.
La propuesta busca especialmente llegar a los adolescentes y transmitirles que vale la pena perseguir los sueños, levantarse después de cada caída y seguir intentando.
El estreno será el jueves 12 de noviembre, en el Teatro Toledo, con dos funciones gratuitas, a las 18.45 y a las 20 horas.
Además, Andrea propuso que quienes puedan colaboren llevando un alimento no perecedero. La intención es que el encuentro también tenga un fin solidario y que lo recaudado pueda destinarse a un comedor, a la Iglesia del Carmen o a alguna institución que necesite ayuda.
Una vez más, una iniciativa que conecta con algo que Anita también representaba: estar cerca de los demás y ayudar.

El pedido de una mamá: que ninguna otra familia atraviese lo mismo
La entrevista también tuvo un espacio para recordar las circunstancias de la tragedia y, fundamentalmente, para poner sobre la mesa la necesidad de generar conciencia vial.
Andrea explicó que el documental abordará el accidente de manera cuidadosa, porque no quiere que toda la historia de su hija quede reducida a ese episodio. Sin embargo, considera necesario mencionar lo sucedido y señalar las condiciones de seguridad que deberían existir en las rutas.
Habló de la falta de señalización, de la ausencia de pintura, de las banquinas y de las condiciones de circulación. También volvió a insistir en la necesidad de avanzar con la autovía, una obra que considera fundamental ante el intenso tránsito de vehículos, camiones y transporte agrícola.
Recordó que se trata de un reclamo de muchos años y que son numerosas las vidas que se perdieron en ese corredor vial.
“Si pudiéramos hacer algo de una ruta que se viene reclamando hace más de 20 años, si pudiéramos lograr que esto que le pasó a Anita sea como la última gotita, que no siga pasando”, manifestó.
En sus palabras apareció un pedido que trasciende su propia historia: que el dolor pueda convertirse en un llamado de atención y que ninguna otra familia tenga que atravesar una pérdida semejante.
“No puedo quedarme acostada. No es lo que ella hubiese querido”
Quizás el momento más profundo de la charla llegó cuando Andrea habló de cómo transita sus días. Sin esconder el dolor, reconoció que hay jornadas más difíciles que otras, que la ausencia se siente permanentemente y que volver a las actividades cotidianas también forma parte de un proceso complejo.
Contó que regresar a trabajar a su jardín le hizo bien y que encuentra distintas maneras de seguir adelante, aunque hay días en los que todo cuesta un poco más.
También habló de los tatuajes, de las amigas, de los homenajes y de las personas que siguen recordando a Anita. Son distintas formas de comprobar que su hija continúa presente en la vida de muchísima gente.
“Yo quiero honrarla a ella, acordarme siempre”, expresó. Y dejó una de las frases más fuertes de la entrevista: “Hasta que yo no esté más, la voy a honrar siempre”.
No se trata de olvidar ni de dejar atrás. Se trata de encontrar la manera de convivir con una ausencia que duele, pero también de sostener todo aquello que Anita sembró durante su vida.
Andrea recordó también el acompañamiento recibido por la comunidad de Once Unidos, sus compañeras, las familias y los dirigentes del club. Desde el primer momento estuvieron cerca, acompañando a la familia durante la internación, preguntando por Anita y organizando distintas muestras de apoyo y cadenas de oración.
Ese cariño, que continúa manifestándose en cada partido y en cada homenaje, es también parte del legado de la joven.
La entrevista terminó con agradecimientos, pero dejó mucho más que palabras. Dejó el testimonio de una mamá que encuentra en la memoria de su hija la fuerza para seguir, que busca transformar el dolor en solidaridad, conciencia y enseñanza.
Porque Anita sigue estando en cada cancha, en cada pelota que se defiende, en cada compañera que recibe un abrazo y en cada persona que pronuncia su nombre. Y quizás esa sea la esencia de todo lo que Andrea quiso transmitir: que una vida no se mide solamente por el tiempo que transcurre, sino también por las huellas que deja en los demás.
Anita soñaba con llegar lejos en el vóley. Hoy, de alguna manera, sigue llegando a lugares que seguramente nunca imaginó. Su nombre estará en una Liga, su historia tendrá un documental y su recuerdo seguirá viajando de corazón en corazón.
Porque, como dijo su mamá, Anita va a seguir brillando.












