El 19 de abril de 1998 quedó grabado para siempre en la historia del deporte local. Aquella noche, Luz y Fuerza derrotó a Ferrocarril Oeste y se consagró campeón de la Liga Nacional de vóley, en una gesta que trascendió a la ciudad y marcó un antes y un después en la disciplina.
A casi tres décadas de aquel logro, protagonistas como Jorge Berendier y Leandro García Mónaco repasaron una historia cargada de sacrificio, identidad y un grupo que supo imponerse a todo.
Un equipo armado con convicción
El plantel campeón se construyó sobre la base del equipo que había sido protagonista en la temporada anterior, sumando refuerzos juveniles de selección y dos apuestas extranjeras que terminaron siendo decisivas.
“Fue todo un acierto. Muchos clubes traían extranjeros y después los cambiaban. Nosotros no, se quedaron y terminaron marcando la diferencia”, recordaron.
El crecimiento fue progresivo, con figuras que explotaron con el correr del torneo y un grupo que entendió rápidamente que debía competir desde lo colectivo, incluso ante equipos con grandes nombres propios.
Partidos que marcaron el camino
La campaña tuvo momentos bisagra. Uno de ellos fue en San Juan, ante miles de espectadores y en un clima hostil donde incluso llegaron a cortar la luz para frenar el partido.
Pero también hubo batallas clave en Mendoza y viajes complejos que fortalecieron al grupo, obligándolo a adaptarse a canchas más grandes, contextos adversos y una exigencia constante.
“Ese tipo de situaciones nos terminó haciendo más fuertes de la cabeza”, destacaron.
La final inolvidable ante Ferro
La serie decisiva frente a Ferrocarril Oeste fue el reflejo perfecto del espíritu del equipo.
En Caballito, Luz y Fuerza estuvo al borde de la derrota: perdía 2-0, hasta que una charla intensa del entrenador cambió el rumbo del partido. El equipo reaccionó, lo dio vuelta 3-2 y dejó golpeado a un rival lleno de figuras.
Luego, en Necochea, el cierre fue contundente: 3-0 y consagración.
“Ellos tenían nombres. Nosotros teníamos un equipo”, sintetizaron desde aquel plantel.
Sacrificio, viajes y una ciudad detrás
El título no fue solo deportivo. Detrás hubo viajes caóticos, noches sin hotel, traslados en subte para llegar a tiempo a los partidos y hasta deudas en viáticos que se resolvían con esfuerzo dirigencial.
Sin embargo, todo eso se transformó en combustible.
“La gente acompañó como en pocas finales que me tocó vivir. Necochea fue todo”, recordaron con emoción.
Ese apoyo fue clave para sostener un equipo que representó mucho más que un club.
Un legado que sigue vivo
El campeonato le permitió a Luz y Fuerza disputar un Sudamericano, donde consiguió una medalla de bronce, consolidando el impacto de aquella generación.
Pero más allá de los resultados, el legado quedó en la identidad.
“Transpirar la camiseta, incluso desde el banco, era parte del equipo”, remarcaron quienes formaron parte de aquella historia.
Hoy, a 28 años, la hazaña sigue siendo una referencia inevitable del deporte necochense: un equipo que, sin grandes presupuestos, se animó a competir contra gigantes… y terminó escribiendo su nombre para siempre.












