El plantel Sub-16 de hockey del Club del Valle visitó Zoom El Deportivo para compartir la alegría por el título conseguido en el Campeonato Regional Bonaerense B, el ascenso a la categoría A y el trabajo que hay detrás de un grupo que crece en lo deportivo y en lo humano. Además, el club transita la etapa final de una obra muy esperada: tener su propia cancha de hockey.
Hay logros que se explican con goles, resultados y posiciones en una tabla. Pero hay otros que necesitan una historia más amplia, hecha de entrenamientos, viajes, familias que acompañan y un grupo que aprende a crecer unido. La actualidad del Sub-16 de hockey del Club del Valle reúne un poco de todo eso.
En una charla cálida con María Figueroa y Hugo “El Pato” Miraglia, el entrenador Juan Cruz Torres y varias de las jugadoras del plantel compartieron las sensaciones que dejó una temporada inolvidable, marcada por la consagración en el Campeonato Regional Bonaerense B, disputado en Pergamino, y el ascenso al nivel A.
La conquista tuvo un valor especial. En una competencia que reúne a decenas de equipos de la provincia de Buenos Aires, Del Valle logró destacarse y quedarse con el campeonato, un resultado que premia el esfuerzo sostenido de una camada que lleva varios años trabajando junta.
“Lograr el campeonato también les da a las chicas un incentivo más, justifica todo el trabajo y el proceso de muchos años”, explicó Juan Cruz, quien acompaña a este grupo desde su ingreso a la categoría competitiva Sub-14.
Un equipo que se construye con los años
Para el entrenador, el título no es un hecho aislado, sino parte de un proceso que incluye experiencias anteriores, competencias exigentes y aprendizajes que van mucho más allá de lo que sucede durante un partido.
Esta misma camada ya había sido campeona de la Asociación Amateur Marplatense de Hockey y, en su paso por la categoría Sub-14, consiguió un tercer puesto compitiendo en el nivel más alto de la provincia.
El camino les permitió sumar experiencia, medirse con equipos de gran nivel y aprender a convivir con las distintas situaciones que presenta el deporte. Porque formar parte de un equipo también significa aprender a ganar, aceptar las derrotas, comprometerse con los entrenamientos y entender que cada integrante tiene un papel importante.
Durante la entrevista, Juan Cruz destacó las características de algunas de sus jugadoras. Habló de Maitena Berrier, una deportista polivalente cuya posición natural es volante por derecha, pero que también se desempeña como delantera en Primera División. Este año, Maite dio ese paso mientras todavía pertenece a la categoría Sub-16, una decisión tomada en conjunto con el club y su familia para continuar su desarrollo deportivo.
También se refirió a Abril Wagner, defensora que sigue creciendo dentro del hockey y que tuvo la oportunidad de disputar su primera final en este campeonato. En su caso, el entrenador valoró especialmente su compromiso y la manera de acompañar al grupo, incluso cuando no le toca jugar tantos minutos.
Son distintas historias dentro de un mismo plantel, con recorridos y características particulares, pero unidas por el objetivo común de seguir creciendo.
Una asistencia, un gol y un recuerdo para siempre
Entre los momentos compartidos apareció una anécdota que refleja el espíritu del grupo.
Durante los seis días que dura un campeonato regional, las jugadoras y el cuerpo técnico conviven intensamente. Por eso, Juan Cruz contó que suelen generar espacios de conversación a los que llaman, con humor, el “confesionario”, donde cada una puede compartir cuestiones personales o relacionadas con el deporte.
En una de esas charlas, le preguntaron a Pía Zandueta qué superpoder le gustaría tener. Su respuesta fue sencilla: quería ser más rápida.
Tiempo después, durante la final, Pía tuvo una participación importante en la jugada que terminó en gol, aportando una asistencia que ayudó al equipo. La anécdota despertó sonrisas en el estudio y permitió conocer ese costado íntimo que muchas veces queda fuera de las crónicas deportivas.
Porque detrás de cada campeonato también hay recuerdos compartidos, bromas, compañerismo y pequeños momentos que terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un equipo.
El hockey como escuela de vida
Juan Cruz es profesor de Educación Física y comenzó su camino como entrenador al mismo tiempo que desarrollaba su formación profesional. Su vínculo con el Club del Valle se inició en 2019 y, desde entonces, continúa trabajando en el crecimiento de la disciplina.
Al hablar de su tarea, dejó una reflexión que resume su manera de entender la formación deportiva: las chicas van a aprender hockey y, a través del hockey, también van a aprender sobre la vida y las relaciones humanas.
“Creo que ellas me dan más a mí que yo lo que les doy”, reconoció.
El entrenador explicó que cada grupo plantea desafíos diferentes y que enseñar también implica aprender, revisar métodos y estar dispuesto a reconocer cuando uno no tiene todas las respuestas. Su objetivo, según contó, es que las jugadoras se lleven algo de cada entrenamiento y puedan mejorar tanto en lo deportivo como en lo personal.
Abril, una de las integrantes del plantel, también tuvo palabras para describirlo. Destacó su acompañamiento durante los partidos, las correcciones permanentes y la predisposición para ayudarlas a reconocer errores y encontrar herramientas para mejorar.
Ese vínculo entre entrenador y jugadoras es una parte fundamental del recorrido de una camada que lleva años compartiendo entrenamientos, viajes y objetivos.
Una exigencia que se sostiene entre todos
Competir en la Asociación Marplatense representa un desafío importante para un club de Necochea. El nivel deportivo, la cantidad de partidos y los viajes constantes demandan tiempo, energía y recursos.
Juan Cruz explicó que las chicas pueden disputar alrededor de 35 partidos al año en una misma categoría, con casos en los que algunas también juegan en otra división. A eso se suman los entrenamientos semanales, el estudio y las actividades propias de la adolescencia.
Pero el esfuerzo no termina dentro de la cancha. Las familias, la subcomisión, las jugadoras y el club participan en la organización de los viajes y en la recaudación de fondos mediante rifas y bonos de contribución.
El entrenador recordó una imagen que representa ese compromiso: los sábados, desde muy temprano, niñas de las categorías formativas se reúnen en la sede para viajar a Mar del Plata y disputar sus partidos. Muchas empiezan a jugar desde los cinco años y, con el tiempo, algunas llegan a formar parte de la Primera División.
Es un trabajo colectivo que se construye desde las inferiores y que permite sostener el crecimiento del hockey en la institución.
El sueño de jugar de local
Uno de los anuncios más importantes de la entrevista llegó sobre el final. El Club del Valle está transitando la etapa final de la construcción de su propia cancha de hockey, una obra de gran dimensión que representa un sueño para toda la comunidad deportiva.
Juan Cruz contó que ya habían adquirido la carpeta y que esperaban poder comenzar a entrenar allí entre noviembre y diciembre, con la expectativa de que durante el año siguiente el club pudiera recibir a otros equipos y disputar encuentros en su propio espacio.
Tener una cancha propia significaría mucho más que dejar de viajar para jugar. Sería contar con un lugar de pertenencia, fortalecer las categorías formativas y abrir nuevas posibilidades para el desarrollo de la disciplina en Necochea.
El entrenador aprovechó la oportunidad para agradecer a las familias, la comisión y todas las personas que trabajan para concretar el proyecto.
Un título que impulsa a seguir
El Sub-16 de Del Valle ya tiene nuevos desafíos por delante. Concluida la etapa regular, el equipo se prepara para afrontar los cruces eliminatorios de la Asociación Marplatense, mientras el club continúa su participación en otras categorías y sostiene su crecimiento deportivo.
El campeonato de Pergamino quedará como una de las grandes alegrías del año, pero también como una señal de todo lo que se puede construir con continuidad, compromiso y trabajo colectivo.
La visita a Zoom El Deportivo permitió conocer a las protagonistas detrás de la consagración: un entrenador que entiende el deporte como una herramienta de formación, jugadoras que crecen juntas y una comunidad que acompaña cada paso.
Porque en Del Valle el hockey no se mide solamente en campeonatos. También se mide en las amistades que nacen, en las familias que hacen posible cada viaje, en las niñas que empiezan a jugar desde pequeñas y en el sueño compartido de tener una cancha propia.
Y, después de una temporada de festejos, el desafío continúa: seguir creciendo, competir al máximo nivel y mantener vivo ese sentimiento de pertenencia que hace que cada sábado valga la pena.












