Hablar del automovilismo zonal de Necochea y la región es hablar de Enrique Galinotti. Cuatro veces campeón de Mar y Sierras, protagonista de una de las épocas más recordadas de la categoría, el histórico piloto volvió a emocionar a los fanáticos durante el homenaje realizado el último fin de semana en San Cayetano, donde fue reconocido junto a otras grandes figuras del deporte motor regional.
Lejos del ruido de los motores, Galinotti visitó los estudios de NecRadio 98.3 y repasó una trayectoria cargada de anécdotas, rivalidades, ingenio y una pasión que, a sus más de 80 años, sigue intacta.
“Me vino a saludar mucha gente. Fue muy lindo volver a encontrarme con tantos amigos y con personas que todavía recuerdan aquella época”, contó con la humildad que siempre lo caracterizó.

Un auto construido con sus propias manos
Una de las particularidades que hicieron diferente a Galinotti fue que no solamente manejaba. También era quien diseñaba, construía y preparaba el auto con el que salía a competir.
“El auto lo fabriqué yo. Lo hice todo yo”, recordó.
En aquellos años eran muy pocos los pilotos que podían afrontar semejante desafío. Mientras la mayoría recurría a preparadores especializados, él se encargaba de absolutamente todo.
“Creo que los únicos que hacíamos el auto, lo preparábamos y además lo corríamos éramos Oscar Castellano y yo”, explicó.
El chasis del famoso Kechum nació a partir de un viejo camión Ford y fue evolucionando carrera tras carrera hasta transformarse en uno de los autos más exitosos de la categoría.
¿Por qué se llamaba “Ketchum”?
El nombre del auto también tiene una historia muy particular.
Durante una de las primeras pruebas decidieron adaptar una caja de velocidades y el vehículo comenzó a vibrar de manera muy llamativa.
Fue entonces cuando uno de sus acompañantes comparó ese movimiento con un personaje televisivo de la época.
“Me dijo: ‘Parece el Kechum cómo vibra’. Y quedó ese nombre para siempre”, recordó entre risas.
Con el paso de los años, el Kechum se transformó en uno de los autos más reconocidos del automovilismo zonal y en un verdadero símbolo para varias generaciones de fanáticos.
El regalo que lo hizo emocionar
Tras su retiro, el auto permaneció durante muchos años desarmado y guardado en un galpón.
Hasta que apareció su nieto Marcos.
Sin que él lo supiera, decidió restaurarlo completamente y sorprenderlo cuando cumplió 80 años.
“Cuando lo vi otra vez se me caían las lágrimas”, confesó.
Desde entonces, el Kechum volvió a recorrer distintos autódromos de la región y suele participar en exhibiciones e invitaciones especiales.
“Ahora el representante del auto es mi nieto. Yo se lo regalé a él”, contó orgulloso.
“Yo corría sabiendo que iba a ganar”
Pocas frases reflejan mejor la personalidad deportiva de Galinotti como la que dejó durante la entrevista.
Consultado sobre cómo vivía las carreras, respondió con absoluta naturalidad.
“Yo corría y sabía que iba a ganar.”
Después hizo una pausa y agregó una reflexión que provocó sonrisas en el estudio.
“Recién ahora me doy cuenta de lo difícil que era ganar.”
Esa confianza era una de las características que lo distinguían dentro de la pista.
Mientras muchos celebraban eufóricamente cada triunfo, él bajaba del auto con absoluta tranquilidad.
“Mis primos me decían que tenía sangre de pato porque no me emocionaba cuando ganaba.”
La explicación era sencilla.
“Para mí era algo normal. Ya estaba pensando en la próxima carrera.”
Rivalidades que quedaban en la pista
La década dorada de Mar y Sierras estuvo marcada por grandes nombres.
Juan Carlos Ochonero, Oscar “Pincho” Castellano, Jorge Reynoso, Hugo Vicente, Pascuali y tantos otros protagonizaron carreras inolvidables.
Sin embargo, Galinotti dejó en claro que la rivalidad terminaba apenas bajaban la bandera a cuadros.
“La pica era solamente dentro del circuito. Afuera éramos todos amigos.”
Incluso recordó que era habitual visitar los talleres de quienes horas antes habían sido sus rivales en la pista.
“Yo iba al taller de Ochonero. Afuera había una excelente relación.”
Cuando el automovilismo permitía vivir de las carreras
Otro de los recuerdos que sorprendió fue el aspecto económico de aquellas competencias.
Hoy resulta prácticamente imposible imaginar que un piloto zonal pudiera comprar un camión gracias a los premios obtenidos.
Sin embargo, eso ocurrió.
“Mi primer camión lo compré con la plata que gané corriendo.”
Y no fue el único.
Recordó que Oscar Castellano llegó a construir un Fórmula 2 gracias a los premios obtenidos en las carreras.
En aquellos años, los clubes organizadores repartían importantes sumas de dinero entre los mejores ubicados, algo muy distinto a la realidad actual.
Una leyenda que sigue despertando admiración
Más de cuatro décadas después de sus grandes conquistas, Enrique Galinotti continúa despertando el cariño de varias generaciones.
Durante el homenaje realizado en San Cayetano fueron decenas las personas que se acercaron para pedirle una foto, un autógrafo o simplemente agradecerle tantos años de espectáculo.
Él, fiel a su estilo, respondió con sencillez.
“Ahora me doy cuenta de todo el cariño que me tiene la gente.”
Y quizás esa sea la mejor definición de una carrera que trascendió los campeonatos.
Porque Galinotti no solo ganó cuatro títulos.
También construyó con sus propias manos un auto que pasó a la historia, protagonizó algunas de las carreras más recordadas del automovilismo regional y se convirtió, para varias generaciones de necochenses, en uno de los máximos ídolos del deporte motor zonal.












