Mientras la pesca atraviesa ese momento de transición entre el pejerrey del invierno y la llegada de la variada, los pescadores esperan que el clima acompañe. En una charla espontánea en una casa de pesca de la Avenida 10, Miguel repasó los lugares preferidos, las distintas formas de disfrutar de la actividad y también recordó una época en la que la pesca embarcada y los grandes concursos convocaban visitantes de distintos puntos del país.
La charla comenzó casi de casualidad. La búsqueda de carnada en la casa de pesca El Gordo, sobre la Avenida 10, terminó convirtiéndose en una conversación sobre una actividad que forma parte de la identidad de Necochea: la pesca.
Miguel, que lleva 25 años trabajando en el lugar, conoce de cerca ese movimiento. Y por estos días, como tantos pescadores, espera que el tiempo dé una tregua y permita que el mar vuelva a acompañar.
“Estamos medio en un impasse, esperando que arranque un poquito lo que es la pesca variada y esperando que el clima también nos acompañe”, contó.
Entre el pejerrey y la variada
La primavera marca una especie de transición para quienes conocen los tiempos de la pesca.
El pejerrey, protagonista durante buena parte del invierno, comienza a retirarse y paulatinamente aparece la pesca variada. Septiembre y los primeros días de octubre son, entonces, una especie de pausa entre una temporada y otra.
“Estamos en un impasse. Se está retirando el pejerrey y arranca lo que es la pesca variada”, explicó Miguel.
Pero para el pescador, esperar también forma parte del ritual. Hay que mirar el mar, el viento, el clima y saber cuándo es el momento de preparar las cañas.
Un privilegio: río, mar y muchas alternativas
En Necochea y Quequén, las posibilidades son muchas. Está el río, ideal para una jornada tranquila con el mate y la familia; la escollera y el antepuerto; y también los lugares más alejados que buscan quienes quieren pasar varias horas pescando.
Miguel enumeró algunos de esos rincones conocidos por los pescadores: Cueva del Tigre, Punta Negra, Costa Bonita y Playa Verde, además de las distintas lagunas de la zona.
Cada pescador tiene su manera.
Está quien arma una salida familiar, quien se junta con amigos y se aleja unos kilómetros y también quien prefiere quedarse cerca de la escollera, buscando el chorro de agua.
Y quizás ahí esté una de las particularidades de la pesca: no hace falta demasiado para disfrutarla. Una caña, algo de carnada, un mate y tiempo.
Aquellos micros que llegaban llenos de pescadores
Pero la conversación también llevó a recordar una época que quedó en la memoria de muchos necochenses: la pesca embarcada como atractivo turístico durante todo el año.
Hubo un tiempo en que micros de larga distancia llegaban desde Capital Federal con grupos de pescadores que se quedaban en la ciudad, salían a embarcarse desde el puerto y regresaban después de varias horas en el mar.
Miguel recuerda aquellas embarcaciones grandes, como las de Perfumado, Adolfo Martínez y la Universal, que podían llevar alrededor de 18 o 20 personas.
“Era una movida muy linda porque la gente venía un día antes, aprovechaba un fin de semana, se quedaba, salía a pescar y eso era una cadena muy buena porque nos daba de vivir a todos”, recordó.
Hoy existen propuestas con embarcaciones más pequeñas, como los semirrígidos, pero están pensadas para grupos mucho más reducidos, generalmente de cuatro o cinco personas.
Para Miguel, aquella posibilidad de recibir grupos numerosos de pescadores era un atractivo que Necochea perdió y que generaba movimiento en hoteles, comercios y distintos sectores vinculados al turismo.
Los concursos que también quedaron en el recuerdo
La memoria también viajó hacia aquellos grandes concursos de pesca que se realizaban en el río Quequén y que convocaban a una gran cantidad de participantes.
Vehículos, premios importantes y jornadas enteras alrededor de la pesca formaban parte de esos encuentros organizados por instituciones como el Club de Pesca y Neco Pesca, entre otras.
Actualmente, Defensores de Puerto Quequén mantiene viva esa tradición con concursos que organiza una o dos veces al año y que, según destacó Miguel, continúan teniendo una muy buena respuesta.
“Es algo que le va realmente bien cada vez que se organizan”, señaló, destacando el trabajo y la seriedad con que se llevan adelante.
Veinticinco años detrás del mostrador
Mientras la charla llegaba a su final, quedó también una pequeña historia detrás de la casa de pesca.
Miguel lleva 25 años en la Avenida 10, acompañando a generaciones de pescadores, recomendando carnadas, escuchando historias y viendo pasar a quienes llegan con la ilusión de volver a casa con una buena pesca.
Y así, entre carnadas, cañas y recuerdos, la conversación terminó con una frase que quizás resume bastante bien el espíritu de quienes eligen esta actividad: el buen pescador tiene que estar intentando siempre.
Porque en la pesca, como en tantas cosas de la vida, nunca se sabe cuándo llega el pique. Lo importante es volver a tirar la línea.












