En Zoom Deportivo dialogaron con Guadalupe Angiolini, quien atraviesa un momento clave de su carrera tras dejar Necochea para instalarse en La Plata y sumarse al equipo de natación de Estudiantes de La Plata.
La nadadora contó que la decisión se tomó en muy poco tiempo y que implicó un cambio profundo en lo deportivo y en lo personal. El traslado significó comenzar a vivir sola, adaptarse a una nueva ciudad y asumir una rutina más exigente, propia del alto rendimiento.
La adaptación no fue sencilla. Los primeros meses implicaron aprender a manejarse sola, utilizar el transporte público, organizar su vida diaria y afrontar largos períodos de soledad fuera de los entrenamientos. Con el tiempo, y ya instalada en su propio departamento, Angiolini fue encontrando equilibrio y madurez, consolidándose dentro del grupo y enfocándose de lleno en su desarrollo deportivo.
Desde lo estrictamente deportivo, el salto fue notorio. En Estudiantes, Guadalupe comenzó a trabajar intensamente sobre la técnica de nado, un aspecto que —según reconoce— le cambió por completo la forma de competir. “Antes nadaba más desde la fuerza, ahora entendí que la técnica es la base para nadar fuerte”, explicó. Ese proceso, aunque demandante, la llevó a mejorar sensaciones y potenciar su rendimiento a largo plazo.
El aspecto mental también ocupa un lugar central en su preparación. Angiolini trabaja con psicología deportiva, consciente de que el alto rendimiento no solo se define en el agua. “El deporte es más mental que físico”, afirmó, destacando la importancia de aprender a gestionar la presión, las expectativas y la autoexigencia.
En lo competitivo, el horizonte inmediato tiene nombre propio: los Juegos Sudamericanos de Panamá, que se disputarán en abril. La convocatoria la tomó por sorpresa, pero confirma el crecimiento sostenido de la nadadora, que ya sabe lo que es representar a la Selección Argentina desde muy chica, con antecedentes en torneos panamericanos y competencias internacionales.
Más allá de los logros, Guadalupe no pierde el vínculo con su ciudad. Repite con orgullo que es de Necochea y siente el acompañamiento constante de la gente, que sigue de cerca cada uno de sus pasos. “Siento mucho cariño y eso me da fuerzas”, aseguró.
El sueño olímpico, que antes parecía lejano, hoy aparece mucho más cerca. Con talento, sacrificio y una madurez que sorprende, Guadalupe Angiolini atraviesa una etapa bisagra: la de dejar de ser promesa para transformarse, definitivamente, en una realidad de la natación Argentina.












