La nadadora necochense Guadalupe Angiolini atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva. Instalada en La Plata, donde entrena y compite para Estudiantes, la joven de 17 años volvió a Necochea tras una intensa seguidilla de competencias internacionales y nacionales, con medallas, récords y una meta cada vez más concreta: acercarse a los Juegos Olímpicos.
Luego de un 2025 de adaptación, marcado por la mudanza, el cambio de ciudad, de club y de dinámica diaria, Angiolini siente que este año comenzó con otra madurez. “Ya tengo una vida de adulto. Aunque no lo considero un trabajo porque amo lo que hago, la natación funciona como un trabajo: entreno, estudio y organizo todo alrededor de eso”, contó.
La transición no fue sencilla. A los 16 años dejó Necochea para instalarse en una ciudad mucho más grande, con nuevas exigencias y un equipo diferente. Sin embargo, ese proceso hoy empieza a dar resultados. “Ahora ya voy con la cabeza firme, con los entrenamientos claros y los objetivos también claros. Eso lleva a que me vaya bien y a empezar a disfrutar”, expresó.
Uno de los grandes objetivos que aparece en el horizonte es el olímpico. Angiolini está a dos segundos de la marca mínima en los 100 metros mariposa, su prueba principal, y a centésimas en los 50 metros. Aunque reconoce que en natación dos segundos representan una diferencia importante, también sabe que todavía tiene margen de mejora. “Tengo un montón de cosas para mejorar y eso me deja tranquila, porque significa que puedo bajar los tiempos”, señaló.
Su vida cotidiana está completamente atravesada por el alto rendimiento. Entrena doble turno, combina trabajos en pileta, gimnasio, movilidad, descanso, alimentación y acompañamiento psicológico. Un lunes habitual comienza cerca de las 7.30, con entrenamiento en el agua, gimnasio, almuerzo, siesta y una nueva sesión por la tarde. Algunos días, además, viaja a Buenos Aires para entrenar en pileta olímpica en Parque Roca.
Ese cambio fue clave para su crecimiento. Angiolini explicó que en Necochea entrenaba en pileta de 25 metros, mientras que para competir al máximo nivel necesita mayor continuidad en pileta de 50. “El entrenador de selección me había dicho que si no entrenaba en pileta olímpica me iba a empezar a costar. Eso también fue parte de la decisión de mudarme”, contó.
Su paso reciente por Panamá, donde representó a la Selección Argentina, fue uno de los momentos más importantes de su carrera. Allí consiguió medallas, volvió a sus mejores marcas y formó parte de una posta que logró récord sudamericano. “Fue un torneo que me voy a llevar siempre en el corazón. Lo disfruté muchísimo y creo que eso también hizo que me fuera bien deportivamente”, afirmó.
La experiencia también tuvo un fuerte componente emocional. Angiolini contó que, tras ganar con la posta, lloró mientras cantaba el Himno Nacional. “Ahí caí en lo que significa representar a la Argentina. Ya no era cantarlo en la escuela, era cantarlo con la bandera atrás y una medalla”, relató.
Para la nadadora, formar parte de la Selección Argentina es un sueño que empezó de chica, aunque al principio no llegaba a dimensionarlo. A los 11 años ya había tenido su primera experiencia internacional, pero con el tiempo comenzó a comprender el verdadero valor de vestir la celeste y blanca. “Recién ahora caigo más en todo lo que significa. Representar al país es muy fuerte”, sostuvo.
El sacrificio también forma parte de su camino. Angiolini reconoce que muchas veces debe resignar salidas, cumpleaños, viajes o momentos propios de su edad. Sin embargo, asegura que nunca dudó de la elección. “Desde muy chica tuve las cosas claras. Si tengo que entrenar, voy a entrenar. Estoy feliz con el camino que elegí”, dijo.
En Estudiantes encontró un entorno que le permitió crecer tanto deportiva como personalmente. Destacó el grupo de trabajo, la relación con sus entrenadores y la posibilidad de entrenar junto a nadadores de alto nivel, algo que le permite exigirse día a día. “Es lindo entrenar con alguien que tiene tus mismos tiempos, porque te vas empujando. Hoy me ganaste, mañana no”, resumió.
Más allá de estar radicada en La Plata, Angiolini no olvida sus raíces. “Sigo representando a Necochea. Vivo en La Plata, pero soy de Necochea y amo Necochea”, expresó en el cierre de la entrevista.
Con apenas 17 años, una carrera internacional en pleno crecimiento y el sueño olímpico cada vez más presente, Guadalupe Angiolini sigue construyendo su camino con talento, disciplina y una madurez poco común para su edad. En el agua, cada centésima cuenta. Fuera de ella, también.












