La de anoche no fue una más. Otro de lo símbolos de la ciudad, como el casino, se incendió parcialmente, también en agosto. Pasadas las 22 hs se rompió la tranquilidad del centro de la ciudad. Sirena de los bomberos, las luces azules de las balizas de los patrulleros, los autobombas que comenzaban a llegar por 64, para luego darse cuenta que el fuego provenía del otro lado de la tradicional galería, por la calle 66.
Del otro lado, donde alguna vez hemos pasado por ese kiosco, ya no se podía acceder. La estela de humo que había producto de esa inmensidad que comenzada a salir desde el subsuelo del edificio, ahí donde están las cocheras. Juan, ascensorista del lugar, contaba que “se prendió fuego un auto, pero vayamos hacia atrás porque hay cañerías de gas y es peligroso”. El panorama pintaba para feo. El momento era caótico. Las familias comenzaban a llegar, algunos lograban comunicarse, sin poder contarles a los que estaban adentro bien que estaba pasando. La tensión aumentaba a medida que las autobombas comenzaban a caer, y ya eran tres.
Por la Avenida 59 y calle 66 las ambulancias se apostaban rápidamente. Tránsito ya había cortado los accesos y el cuerpo de defensa civil y cruz roja, rápidamente se ponían a trabajar, intentando ver de qué manera iban a acceder.
Comenzaron las indicaciones, y con ellos las llamadas de afuera hacia adentro. “No salgan, ni abran las ventanas por ahora, por favor”, era el pedido clamoroso de los rescatista. El trabajo de los hombres y mujeres con las mangueras fue tremendo, de a poco empezaron a extinguir el fuego. Los funcionarios públicos ya estaban también en el lugar, un rato más tarde cayó el Intendente, escoltado con Jorge Martínez y conducidos en la camioneta de Prevención Ciudadana , con un bidón y botellas de agua para los trabajadores del fuego y las emergencias, así como también para aquellos que vayan saliendo y necesiten de hidratarse.
La tensión empezó a bajar y con ella la cantidad de gente que se apostó a ver qué pasaba. De a poco los habitantes del edificio fueron evacuados, algunos fueron a la casa de sus familiares, unos pocos al Hotel León, mientras que Arturo Rojas, el Intendente de la ciudad, subía con los bomberos para golpear la puerta de los departamentos y preguntar “¿Cómo estás?”. “A mí me tocó la puerta junto a los bomberos”, dijo una pareja de vecinos del 9°, que tiene a tres hijos, que fueron los primeros en ser llevados a la casa de sus abuelos.
La noche fue larga, terminó de la mejor manera posible. Sin consecuencias graves, con personas asistidas en el hospital, en total fueron 6, donde 1 sola quedó hospitalizada por prevención ante la inhalación del monóxido de carbono.












