Tras casi un mes en Japón acompañando a la selección argentina de natación para personas sordas, Marcos Bertone regresó al país y pasó por Zoom Deportivo para compartir detalles de una competencia que, según él mismo define, “fue de las mejores experiencias deportivas de mi vida”. Entre anécdotas de viaje, análisis técnico y descripciones del asombroso orden japonés, repasó el rendimiento del equipo y el enorme desafío de competir en un evento de altísimo nivel mundial.

Bertone explicó que esta edición de las Sordolimpiadas marcó el cierre de un ciclo de cuatro años para la selección. El plantel llegó con un récord histórico: ocho nadadores argentinos, el grupo más numeroso desde que él trabaja en la disciplina, hace ya dos décadas. Pero detrás de ese logro hubo un esfuerzo enorme: solo tres de los deportistas contaban con beca estatal, y el resto viajó gracias al aporte de sus familias y campañas para reunir fondos.
En Tokio se encontraron con una organización impecable y un estadio de primer nivel, con dos piletas olímpicas y capacidad para 30 mil personas. “El complejo parecía recién inaugurado todos los días”, describió. Aun así, el impacto mayor vino por el nivel competitivo: “Se rompieron cincuenta récords mundiales. El piso era altísimo”. Argentina logró meter tres nadadores en finales y todos mejoraron sus marcas personales, lo que para Bertone representa un balance “más que positivo”.
Una de las cuestiones que más sorprendió al entrenador fue la cultura japonesa: calles impecables, ausencia total de bocinazos, trenes perfectos y un orden social que, dijo, “parece de ciencia ficción, pero es real”. Contó que durante tres semanas escuchó solo dos bocinas en la ciudad y que incluso en avenidas gigantes la gente respeta los semáforos aunque no pase un solo auto. La logística también fue un reto: traslados largos, departamentos pequeños y la necesidad de cocinar y organizar al grupo en un país donde todo tiene reglas estrictas.
El cambio horario fue otro desafío. Bertone relató que tardó siete días en regularizar el sueño y que muchos deportistas sintieron “apagones repentinos” durante el día. Según explica, lo ideal sería llegar con un día de adaptación por cada hora de diferencia, pero el presupuesto no lo permitió: solo tuvieron seis días antes de competir.
Además de lo deportivo, la experiencia dejó encuentros inolvidables. Uno de ellos fue con el entrenador de Ucrania, a quien Bertone había conocido en el Mundial de Buenos Aires. En aquel entonces, el técnico le confesó que pensaba volver a su país para combatir en la guerra. Encontrarlo vivo en Tokio fue “un abrazo que valió todo el viaje”.
En cuanto al nivel internacional, señaló que Ucrania, Estados Unidos, Japón e Italia fueron las grandes potencias. Mencionó especialmente a una nadadora italiana —bombera de profesión— que ya había competido en Juegos Olímpicos convencionales.
Sobre el futuro inmediato, Bertone adelantó que su equipo de Todos al Agua competirá este fin de semana en Buenos Aires, con pruebas clave para la clasificación al Mundial de Portugal. Destacó el crecimiento de jóvenes como Tiago y el regreso de Ignacio Cárdenas, que volvió a la natación tras un paso por el atletismo: “En dos semanas ya está en los tiempos de hace cinco años”, celebró.
Antes de despedirse, agradeció el acompañamiento del programa durante todo el proceso: “Uno trabaja mucho y no siempre se ve. Que ustedes estén siempre ahí vale muchísimo”.












