En diálogo con el programa Esta Mañana, la profesora y referente en Bioyoga Consciente, Marisa Liarte, habló sobre el crecimiento del yoga en Latinoamérica y advirtió que muchas veces se lo interpreta como una técnica de relajación o una tendencia pasajera, cuando en realidad se trata de un estilo de vida y de un proceso profundo de transformación personal y emocional.
Durante la entrevista, remarcó que el yoga no es algo que se “consume” rápidamente, sino un camino de autoconocimiento, que invita a madurar emocionalmente y a transitar la vida con mayor conciencia.

Un comienzo casi accidental que cambió el rumbo
Marisa contó que llegó al yoga a comienzos del año 2000 casi por casualidad. En ese momento era maestra jardinera, madre de hijos pequeños, y llevaba una vida atravesada por la rutina y el estrés, aunque sin registrarlo del todo. Una simple publicidad despertó su curiosidad y la llevó a elegir el yoga como primera experiencia.
Con el paso del tiempo, ese primer paso se transformó en un punto de inflexión. No fue un cambio inmediato, sino un proceso de maduración personal que se fue dando gradualmente. “Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de cuánto cambió mi manera de vivir, pensar y enfrentar los problemas”, explicó.
Mucho más que ejercicio o relajación
Uno de los ejes centrales de la charla fue la forma en que el yoga es entendido en la región. Según Liarte, muchas personas se acercan buscando relajarse o aliviar tensiones, pero el yoga, en su esencia, es una filosofía de vida que implica un trabajo profundo con el cuerpo, la mente y las emociones.
“No es una moda ni una solución rápida”, sostuvo, y agregó que el verdadero yoga propone revisar hábitos, patrones emocionales y formas de reaccionar frente a la vida cotidiana. El impacto, señaló, no se mide solo en la flexibilidad física, sino en cómo se vive día a día.
Bioyoga: foco en la gestión emocional
En ese contexto, Marisa explicó las diferencias entre el yoga tradicional y el Bioyoga. Mientras muchas prácticas se centran en las posturas físicas, el Bioyoga pone el acento en la gestión emocional, el autoconocimiento y la integración entre biología, mente y cuerpo.
El objetivo es que cada persona pueda reconocer cómo funciona internamente, qué emociones se activan ante determinadas situaciones y qué recursos propios tiene para afrontarlas. “No se trata de aplicar siempre la misma herramienta, sino de aprender qué necesitás en cada momento de tu vida”, explicó.
El cuerpo como puerta de entrada al cambio
Para quienes sienten dificultad para concentrarse o conectar con lo emocional, Liarte destacó que el cuerpo suele ser el mejor punto de partida. Observar la respiración, las posturas, las tensiones o las incomodidades físicas permite iniciar un proceso de escucha interna que, con el tiempo, se vuelve más profundo.
Según explicó, muchas manifestaciones físicas están directamente relacionadas con emociones no expresadas o con estados mentales sostenidos. Prestar atención al aquí y ahora es un primer paso para salir del automatismo cotidiano.
Técnicas complementarias y procesos individuales
Liarte también se refirió a técnicas complementarias como la decodificación emocional o las constelaciones familiares. Aclaró que pueden ser herramientas muy valiosas, pero que no deben idealizarse ni aplicarse de manera indiscriminada.
Cada persona, sostuvo, necesita informarse y encontrar qué método se ajusta mejor a su momento personal. “No todo es para todos ni en cualquier etapa”, remarcó, destacando además la importancia del trabajo multidisciplinario junto a psicólogos y otros profesionales de la salud.
Un camino sin edad ni límites
La referente en Bioyoga subrayó que no existe una edad límite para comenzar este proceso. El yoga y el Bioyoga están disponibles para cualquier persona dispuesta a mirarse, escucharse y trabajar sobre sí misma, entendiendo que el crecimiento personal no es lineal ni inmediato.
Con más de dos décadas de experiencia y una escuela que ha formado a numerosos instructores en Argentina y en otros países, sostuvo que uno de los mayores desafíos es adaptar estas prácticas a la realidad cotidiana. “Vivimos acá, con nuestras responsabilidades y preocupaciones. El yoga tiene que integrarse a esa realidad”, afirmó.
Vivir con más conciencia
Para cerrar, Marisa resumió su mirada señalando que el yoga no busca escapar de la vida diaria, sino aprender a vivirla con mayor conciencia, presencia y equilibrio. Un proceso que no promete soluciones rápidas, pero que ofrece herramientas profundas para quienes deciden transitarlo.












