La instructora de yoga, meditación y ayurveda Marina Boido volvió a Esta Mañana con un mensaje central: desacelerar. Y lo hizo a partir de un gesto cotidiano que casi todos hacemos mal: masticar.

“Vamos tan rápido que no nos damos tiempo ni a masticar. Comemos mirando el celular, la tele, haciendo otra cosa. El cerebro no puede procesar más de un estímulo a la vez”, explicó. Para el ayurveda —recordó— el concepto de alimento es mucho más amplio que la comida: “Alimento es todo lo que entra por los sentidos: lo que vemos, lo que escuchamos, lo que tocamos, lo que decimos. Todo eso genera emociones y movimientos hormonales que afectan nuestra vida”.
Boido remarcó que el ritmo actual, marcado por la tecnología y la multitarea, nos aleja de los hábitos vitales más simples: sentarse a comer sin pantallas, disfrutar de un momento de silencio, observar el entorno. “Queremos estar en todos lados y al final no estamos en ninguno. Vivimos en piloto automático”, dijo.
Uno de los ejes de la charla fue la necesidad de elegir mejor qué estímulos dejamos entrar. En ese sentido, compartió un hábito que muchos cargan: llevar el celular a la cama. “Es lo peor. La mente no entiende si es de día o de noche. No descansamos bien, quedamos pasados de estímulos”. La propuesta: un reto de una semana sin llevar el celular al dormitorio. “La conciencia es elegir. Si veo que algo me hace mal, puedo cambiarlo. Pero con amabilidad, no retándonos”, aclaró.
Boido insistió en que los síntomas —dolores de cabeza, acidez, cansancio— no son enemigos, sino mensajes. “Si atendemos solo el síntoma, matamos al mensajero. El cuerpo te dice: frená, algo tenés que modificar”.
El valor de saborear la vida también apareció en el diálogo: “Emoción y sabor, para el ayurveda, son la misma palabra: raza. Si no saboreás tu comida, tampoco saboreás tu vida”.
La charla dejó una conclusión simple y profunda: bajar la velocidad, elegir con conciencia y hablarnos con ternura también es alimento.
Boido anunció además un encuentro especial para cerrar el año: una noche de reflexión y reconocimiento personal en Luna Llena, el 5 de diciembre, junto a otras profesoras de la ciudad. “Tenemos que aprender a mirarnos, a reconocer nuestros logros. Siempre queremos más, pero nunca paramos a ver cuántos frutos ya cosechamos”, expresó.












