En una charla profunda, reflexiva y sin apuros, Pablo Benedini pasó por Cerrando la Mañana y dejó una radiografía sensible de Necochea, del país y de este tiempo atravesado por la saturación de información, los cambios tecnológicos y la necesidad de volver a pensar desde lo humano. Artista plástico, exdirector de Cultura y exconcejal, Benedini regresó a la ciudad luego de varios años en Brasil y hoy transita una etapa de observación, trabajo silencioso y nuevos proyectos culturales.

Instalado nuevamente en Necochea desde hace casi dos años, contó que el regreso no fue inmediato ni automático. Al principio apareció la melancolía, los recuerdos, la comparación con la ciudad que había dejado. Sin embargo, con el paso del tiempo, algo cambió. Empezó a recorrerla, a caminarla, a mirarla desde otro lugar, y descubrió que no era la misma ciudad. Pero tampoco él era el mismo. Ese cruce, dijo, fue clave para reconciliarse con el territorio y volver a sentir pertenencia.
Benedini destacó el potencial natural, cultural y turístico de Necochea, subrayando que muchas veces los propios vecinos no logran dimensionar lo que tienen. Mar, río, lagunas, parque, puerto, infraestructura y una identidad que todavía está en proceso de construcción. Para el artista, la ciudad está “toda por explotar”, con posibilidades enormes si se la piensa desde una mirada colectiva y creativa.
En ese camino, valoró el trabajo de instituciones, clubes y organizaciones que sostienen proyectos desde la pasión y el compromiso, como el renacer del Club Palermo Puerto, al que definió como un ejemplo de identidad barrial, memoria y trabajo comunitario. Allí encontró puntos de contacto con su propia mirada del arte: bajarlo a tierra, sacarlo del pedestal y convertirlo en parte de la vida cotidiana.
Uno de los momentos centrales de la charla fue el recuerdo del mural de La Escollera, una obra que integró arte, trabajo y comunidad, y que fue declarada de interés nacional. Benedini explicó que el verdadero logro no fue solo la imagen final, sino el proceso: un equipo de ocho personas trabajando durante un mes, con salario, organización y logística, demostrando que el arte también puede ser una forma concreta de producción y empleo. Para él, ese proyecto sintetiza una idea que lo acompaña desde siempre: el arte como trabajo y no solo como espectáculo.
Actualmente, Benedini se encuentra enfocado en el taller, el dibujo, la revisión de obras y la investigación. Reconoció que atraviesa una etapa más introspectiva, de menor exposición pública, cuidando energías y tiempos. No se trata de un alejamiento definitivo, sino de una pausa consciente, una forma de preservar la creatividad y evitar el desgaste que generan ciertos climas políticos y sociales.
Consultado sobre la situación del país, fue contundente: describió un escenario complejo, atravesado por corrientes ideológicas globales, crisis de representación y una profunda desinformación producto de la saturación de contenidos. Señaló que hoy se consume información de manera constante, pero se reflexiona cada vez menos, y que ese fenómeno impacta directamente en la construcción de sentido colectivo.
También se refirió al peronismo, al que definió como una identidad emocional y espiritual que permanece intacta en su experiencia personal, aunque reconoció una pérdida de profundidad doctrinaria y conceptual, especialmente entre las nuevas generaciones. Para Benedini, conceptos como justicia social, trabajo o comunidad ya no circulan con la fuerza de otros tiempos, y eso exige una reconstrucción lenta, paciente y profunda.
Finalmente, reflexionó sobre el avance de la tecnología y la inteligencia artificial, a la que definió como uno de los grandes desafíos de esta etapa histórica. Advirtió sobre la dependencia creciente, la pérdida de presencia en lo cotidiano y la necesidad urgente de recuperar el contacto humano, la experiencia directa y el disfrute del momento.
La charla con Pablo Benedini no fue una entrevista tradicional, sino un espacio de pensamiento compartido. Una invitación a mirar la ciudad con otros ojos, a bajar el ruido, a volver a las bases y a reconstruir desde lo simple, lo colectivo y lo humano.












