En el marco de la reciente campaña de concientización por el Mes Rosa, pasó por Esta Mañana el testimonio profundo y valioso de Silvina Mender, necochense de 56 años, integrante de Alquimia Rosa y sobreviviente de cáncer de mama. Su historia recorre la detección accidental del tumor, el tratamiento atravesado en plena pandemia y la importancia del acompañamiento profesional y familiar.

Silvina descubrió el nódulo en agosto de 2020, durante el aislamiento: “Estaba mirando televisión, apoyé el brazo y sentí un bultito debajo de la axila. Yo me revisaba, pero no esperaba encontrar algo así”. A pesar del contexto sanitario adverso, todo su proceso se realizó en Necochea. “Estoy agradecidísima al sistema de salud local. El Dr. Gustavo Melo y la oncóloga Flor do Pico me acompañaron de manera excepcional. Fueron un sostén enorme, porque estábamos en pandemia y yo tenía cáncer”, recordó.
Su visión de la vida fue determinante: “No me dejo paralizar por el miedo. Cuando me pasa algo, actúo. Cuando me confirmaron el diagnóstico, dije: ‘Tengo cáncer, me voy a operar, y de esto no me voy a morir’”. La operación llegó el 15 de septiembre y el 11 de noviembre inició la quimioterapia, tratamiento para el que requirió un portacath debido a sus venas frágiles.
Uno de los momentos más duros para muchas pacientes —la caída del cabello— Silvina lo atravesó con una naturalidad sorprendente: “El pelo no se me cayó, me lo saqué yo. Cuando se empezó a desprender, fui a la peluquería y me rapé. Me puse un turbante solo para que mi compañero no se asustara. En el auto me lo saqué y no me lo puse nunca más. Pensé: si mi cura es quedarme pelada, bienvenida sea”.
Silvina reconoce que cada mujer vive el proceso de forma distinta: “Yo no soy ejemplo de nada. Hay compañeras a las que les cuesta mucho verse sin pelo, y es totalmente entendible. Cada una atraviesa el cáncer como puede”. También destacó la importancia del acompañamiento emocional y la información: “Necesitaba saber todo. Iba a las consultas con una agenda llena de preguntas. Lo que uno no sabe te asusta el doble”.
Durante el tratamiento aprendió a escucharse, a descansar cuando el cansancio era extremo, y a ocupar el tiempo en actividades nuevas: “Aprendí crochet, pinté muebles, pinté cuadros horribles pero los pinté igual. Aproveché ese tiempo para mí”.
Su mayor mensaje fue directo y contundente: “Hay que hacerse los controles. Si te encontrás algo, corré al médico, aunque sea con miedo. El miedo es lógico, pero no puede frenarte. La detección temprana te salva la vida”.
Silvina hoy acompaña a otras mujeres desde Alquimia Rosa, el grupo necochense de contención para pacientes con cáncer de mama: “Hacemos lo que podemos por acompañar. No todas tienen familia, no todas tienen recursos, no todas tienen quien las lleve al hospital. A veces el abrazo de otra mujer que pasó por lo mismo vale oro”.
Su historia, atravesada por la pandemia, la maternidad de seis hijos y la llegada de su primera nieta, cierra con una reflexión que resume su recorrido: “Después del cáncer miro la vida de otra manera. Me ocupo solo de lo que puedo cambiar. El resto, lo suelto. No gasto pólvora en chimangos”.












