En un contexto donde el estrés y el ritmo cotidiano marcan la agenda, cada vez más personas en Necochea se acercan a prácticas como el Tai Chi y el bioyoga en busca de equilibrio, bienestar y conexión personal.
Así lo explicó Marisa Liarte, quien trabaja con estas disciplinas y destacó que no se trata solo de actividad física, sino de un proceso más profundo.
“La idea es conocerse, entender cómo estamos y aprender a equilibrarnos”, señaló.
El Tai Chi, una práctica milenaria que busca equilibrio
El Tai Chi es una disciplina de origen ancestral que propone movimientos lentos y conscientes, enfocados en el equilibrio del cuerpo y la mente.
A diferencia de otras actividades, su base está en la suavidad y la conexión interna.
“Es una práctica amorosa, donde los movimientos son lentos y ayudan a equilibrar el sistema nervioso”, explicó Liarte.
Además, remarcó que el proceso no es inmediato: requiere tiempo, constancia y disposición.
Bioyoga: adaptado a la vida cotidiana
En paralelo, el bioyoga se presenta como una propuesta más flexible y adaptada a la vida diaria, que toma herramientas del yoga tradicional pero las resignifica.
“No hacemos cosas que no se puedan aplicar en el día a día. Buscamos que sea algo práctico, accesible y que le sirva a cada persona”, indicó.
Las prácticas se ajustan según las necesidades del grupo y de cada participante, lo que permite un enfoque más personalizado.
El síntoma como punto de partida
Según explicó Liarte, muchas personas llegan a estas prácticas a partir de alguna dificultad física o emocional.
“Generalmente llegan con un síntoma: dolor, angustia, estrés. Eso es lo que te trae al presente y te invita a trabajar sobre vos mismo”, señaló.
A partir de ahí, el proceso apunta a identificar las causas más profundas y generar cambios sostenidos en el tiempo.
Un proceso personal y sin tiempos definidos
Uno de los puntos clave es que no existen resultados inmediatos ni tiempos iguales para todos.
“Hay personas que en seis meses notan cambios y otras que tardan años. Cada proceso es único”, explicó.
Sin embargo, aseguró que los cambios suelen ser notorios tanto para quien practica como para su entorno.
“La gente te dice que cambió su forma de manejarse, de sentir, de vincularse. Eso es lo más valioso”, agregó.
Espacios grupales y crecimiento compartido
Las prácticas se realizan en grupo, lo que también favorece el intercambio y el acompañamiento entre quienes participan.
En ese marco, Liarte destacó la importancia de contar con redes de apoyo durante estos procesos de transformación personal.
“Lo ideal es acompañarse: con un terapeuta, con la familia o con el grupo. No es un camino que se haga solo”, sostuvo.












