En una mañana atravesada por la expectativa de la sesión del Concejo Deliberante, Leonardo Ruggiero pasó por los estudios y dejó una lectura tan directa como incómoda sobre el futuro del Complejo Casino: el deterioro no es casualidad, la responsabilidad es estatal y llegó el momento de hacer algo distinto a todo lo que se intentó durante décadas.

Ruggiero planteó tres ejes que, según él, hoy nadie discute: cómo empezó el deterioro del casino, cómo se agravó con los años y quiénes son los responsables. Y en ese punto fue terminante: “La responsabilidad es del Estado, de sucesivas administraciones municipales que dejaron que se llegue a esto”.
A partir de allí aparece la frase que —según dijo— resume cada conversación que se tiene en la calle: “Algo hay que hacer”. Sobre esa base, reconoció que hay diferencias en las propuestas, pero que al menos existe un principio de acuerdo político para avanzar con un proceso de venta en busca de inversores capaces de transformar el predio. “No escuché una sola alternativa concreta que supere esto”, afirmó.
Ruggiero aseguró que, en estos días, escuchó argumentos de todo tipo: desde posiciones económicas bien fundamentadas hasta rechazos que —según describió— no ofrecen una salida real. “Decir ‘no’ sin aportar nada es fácil. Pero el Estado ya demostró que no puede. Alguien tiene que mover la ficha”, señaló. En ese sentido valoró la postura de los trabajadores del casino, que consideran esta instancia como un comienzo posible luego de años de abandono.
Para ilustrar su mirada, citó ejemplos de transformaciones urbanas en otras ciudades: la vieja terminal de Mar del Plata reconvertida en un shopping que revitalizó la zona, o el caso extremo de Puerto Madero, que pasó de ser un territorio abandonado a uno de los polos más desarrollados del país. “Cuando uno ve el cambio consumado, entiende que la parálisis era mucho peor que el riesgo de empezar”, analizó.
Sobre los temores que suelen aparecer en torno a la transparencia, el financiamiento o los potenciales intereses particulares, Ruggiero los consideró “temas debatibles”, pero no obstáculos para avanzar: “Si alguien quiere invertir tres millones y medio de dólares, démosle un monumento. Plantear fantasmas es seguir en el mismo lugar”.
También remarcó el impacto positivo que tendría cualquier desarrollo serio en ese sector: empleo, movimiento económico, nuevos emprendimientos, incentivos para otros desarrolladores y una mejora inmediata en la imagen de la ciudad. “Hoy el casino es un lunar, un recordatorio permanente de todo lo que no se hizo”, resumió.
Ruggiero extendió la reflexión hacia un plano más amplio: la necesidad de revisar la estructura del Estado municipal, reducir áreas, repensar funciones y generar condiciones para que el sector privado invierta. “El Estado tiene que generar el ámbito, no ser empresario”, dijo. Y marcó la ausencia histórica de políticas turísticas de fondo, una falencia que atraviesa varias gestiones.
Finalmente, sostuvo que en la jornada de hoy el Concejo debe resolver “con realismo” y que la comunidad necesita ver un gesto claro: “No sé si esta es la solución final, pero es una forma de empezar. Seguir igual es la peor decisión de todas”.












