La vida de Charly Tabarez parece escrita a fuerza de trabajo, sacrificio y perseverancia. Nacido y criado en Necochea, se crió en una infancia difícil, marcada por la necesidad de salir a trabajar desde muy chico junto a sus hermanos. La calle, los mandados, los primeros empleos y una madre luchadora fueron el escenario donde aprendió valores que lo acompañan hasta hoy.

Desde muy joven encontró en la gastronomía un refugio y una salida. Con apenas ocho años ya daba sus primeros pasos en bares y cafés de la ciudad, hasta consolidarse durante casi dos décadas como una de las caras más reconocidas del histórico Café Boulevard. Bandeja en mano, verborrágico, atento y querido por todos, Charly supo ganarse un lugar no solo como trabajador, sino como persona.
El giro inesperado
En 2019, cuando su vida parecía encaminada en Necochea y ya había dejado la gastronomía para dedicarse a otro rubro, recibió un mensaje que lo cambiaría todo. Un amigo radicado en Mallorca le propuso sumarse a un restaurante que necesitaba personal con experiencia. La idea parecía lejana, casi imposible: no tenía papeles ni planes de emigrar.
La decisión final llegó de la mano de su esposa, Gaby, quien reveló un dato clave: era ciudadana italiana. Eso permitió que, en cuestión de semanas, ambos obtuvieran los permisos necesarios. Así, casi sin tiempo para dudarlo, Charly dejó Necochea y se subió a un avión rumbo a España.
Adaptarse para sobrevivir
Los primeros días en Mallorca no fueron sencillos. El calor intenso, el idioma y la adaptación cultural pusieron a prueba su carácter. Sin embargo, la experiencia acumulada en la gastronomía y su facilidad para relacionarse con la gente le permitieron integrarse rápidamente. Aprendió lo necesario de inglés, italiano y catalán, y volvió a destacarse detrás del mostrador.
Hoy trabaja en una pizzería del interior de la isla, con contrato formal, jornadas de ocho horas, días libres y horas extras pagas en temporada alta. Una realidad laboral muy distinta a la que conocía en Argentina y que, según cuenta, le devolvió previsibilidad y tranquilidad.
Otra forma de vivir
Charly reconoce que Mallorca le ofreció algo que en su ciudad natal se le hacía cada vez más esquivo: estabilidad. Poder llegar a fin de mes, ahorrar, comprarse un auto y proyectar sin sobresaltos son logros que valora profundamente. Aun así, no idealiza la vida europea. Extraña el asado, la amistad espontánea y esa forma tan argentina de compartir la mesa y la vida cotidiana.
“El mallorquín es más cerrado, no es como nosotros”, cuenta, aunque reconoce que con el tiempo fue armando su propio círculo y sintiéndose parte del lugar.
El sueño propio
Con la experiencia de toda una vida en gastronomía, Charly y Gaby ya piensan en el próximo paso: abrir su propio emprendimiento. Un bar de tapas, una pizzería o una cafetería son algunas de las ideas que evalúan, convencidos de que el trabajo sigue siendo la base de cualquier progreso.
Mientras tanto, Charly disfruta de volver a Necochea cada vez que puede, reencontrarse con afectos y recorrer los lugares que marcaron su historia. No reniega de su pasado ni de sus raíces. Al contrario: las lleva consigo como un orgullo silencioso.
La suya es una historia de esas que no suelen hacer ruido, pero que dicen mucho. La de un pibe que salió a trabajar cuando no había opción, que nunca dejó de ponerle el pecho a la vida y que, a miles de kilómetros de Quequén, sigue siendo el mismo: laburante, frontal y agradecido.












