La atleta Candela Cerrone logró una histórica victoria al imponerse en la maratón de las Islas Malvinas, una de las competencias más exigentes del calendario internacional, pero su experiencia fue mucho más allá de lo deportivo: su triunfo se transformó en un acto cargado de significado.
La carrera, certificada por la Asociación de Maratones Internacionales y Carreras a Distancia, presentó un recorrido desafiante por terreno irregular, con viento constante, bajas temperaturas y una altimetría exigente. Sin embargo, lo que marcó a la corredora fue el contexto.
“No solo fue difícil por el terreno y el clima, sino por lo emocional. Fue la maratón más dura que corrí”, expresó.
Correr para que se escuche “Argentina”
La participación de Cerrone tuvo desde el inicio un objetivo claro: representar al país en un territorio donde no se le permitió hacerlo de manera explícita.
Según relató, los atletas argentinos no podían utilizar bandera, colores ni insignias nacionales durante la competencia.
“Era la única forma que encontré de que se escuche Argentina en nuestras Malvinas: tenía que ganar”, explicó.
Y lo logró. Pero incluso la victoria estuvo atravesada por tensiones.
Durante la premiación, no se realizó el tradicional podio conjunto y, según denunció, no se mencionó su nacionalidad. Además, no recibió trofeo ni medalla en el momento.
Una experiencia atravesada por la tensión
Más allá del buen clima durante la carrera —donde incluso recibió el aliento de competidores y soldados ingleses— la situación cambió tras la competencia.
Cerrone relató que, luego de un video que se viralizó tras su triunfo, comenzaron las restricciones: se le pidió que dejara de dar entrevistas y percibió un ambiente de mayor tensión hacia los argentinos presentes en la isla.
Incluso, en un encuentro con autoridades locales, fue advertida por “hacer política”.
“Me dijeron que podía volver a competir, pero no hacer política. Yo respondí que no hacía política, pero que había corrido sobre suelo argentino, que es lo que sentí”, contó.
Mucho más que una carrera
La experiencia, sin embargo, trascendió lo deportivo. Durante su estadía, la atleta recorrió distintos puntos históricos vinculados a la guerra de 1982, visitó el cementerio de Darwin y dialogó con excombatientes y residentes argentinos.
“Fue un intensivo de historia en primera persona. Eso no tiene nombre”, aseguró.
El impacto emocional fue profundo, al punto que la propia corredora reconoció que el resultado deportivo quedó en un segundo plano frente a lo vivido.
Un esfuerzo enorme para llegar
La participación también implicó una gran inversión personal. Cerrone debió organizar un viaje complejo, con escalas en Chile y costos elevados en moneda extranjera.
“Yo ya era feliz con poder estar ahí. Después, cuando supe que no podía representar a Argentina como quería, entendí que tenía que ganar”, explicó.
Un mensaje hacia el futuro
Lejos de quedarse en la polémica, Cerrone busca que su historia sirva para generar conciencia.
“Espero que esto despierte en las nuevas generaciones el interés por Malvinas y que se busquen formas diplomáticas y pacíficas de recuperar la soberanía”, expresó.
Un triunfo que trasciende el deporte
Con un tiempo cercano a las 3 horas y 14 minutos en un circuito sumamente exigente, Candela Cerrone firmó una actuación destacada. Pero su victoria quedó marcada por algo más profundo.
Ganó una carrera, pero también logró visibilizar una causa.
Y en ese cruce entre deporte, historia y emoción, dejó una huella que va mucho más allá de la meta.












