En el marco de Octubre Rosa, Silvana Isin y Silvina Mender compartieron sus experiencias personales y hablaron sobre la importancia de los controles, el acompañamiento y la actividad física para atravesar el cáncer de mama. “Hay un antes y un después”, destacaron.
Hablar de cáncer de mama también es hablar de historias de vida. De momentos difíciles, de cambios, de miedos y, sobre todo, de la posibilidad de seguir adelante. En el marco de Octubre Rosa, Silvana Isin y Silvina Mender, integrantes de Alquimia Rosa, visitaron el programa para compartir sus experiencias y poner en palabras una realidad que atraviesan muchas mujeres y también hombres.
“Hay un antes y un después”, coincidieron al referirse al momento del diagnóstico. La enfermedad modifica prioridades, obliga a replantearse muchas cuestiones de la vida cotidiana y propone un camino que se transita de manera diferente para cada persona.
Silvina contó que recibió su diagnóstico a los 45 años y que ya pasaron 16 años desde aquel momento. Su experiencia es también un mensaje de esperanza y una muestra de que el seguimiento médico y los controles continúan siendo fundamentales aun después de superar la enfermedad.
“Los controles son permanentes. Siempre hay que ser celoso, aunque uno no pase por el cáncer de mama”, remarcaron.

Una enfermedad que no distingue edades
Uno de los mensajes que buscaron transmitir es que el cáncer de mama no responde a una única edad. Puede aparecer en mujeres jóvenes o mayores, por lo que la prevención y el seguimiento médico ocupan un lugar central.
También hicieron hincapié en que los hombres pueden atravesar cáncer de mama, una situación menos frecuente pero que también requiere atención y concientización.
Para quienes ya atravesaron la enfermedad, los controles inicialmente pueden ser más frecuentes y luego espaciarse, pero no deben abandonarse. La prevención, el conocimiento del propio cuerpo y la consulta médica forman parte de un cuidado que continúa a lo largo del tiempo.
Alquimia Rosa: un espacio de pertenencia
Alquimia Rosa nació de la necesidad de compartir experiencias y acompañarse entre personas que atravesaron el cáncer de mama. El próximo 27 de octubre, la asociación civil cumplirá cuatro años.
“Somos un grupo que transitó el cáncer de mama”, explicaron, y señalaron que la organización forma parte de una red de grupos que trabajan bajo una misma filosofía de acompañamiento y actividad física.
Una de las propuestas centrales es el deporte. El grupo practica remo en el Club Rowing, junto al profesor Marcelo Trimano, y este año incorporó también arquería, con Gastón Bávaro, de Rama Negra.
La actividad física tiene además un objetivo específico para quienes fueron operadas: favorecer el bienestar y colaborar frente a situaciones como el linfedema y la hinchazón de brazos.
Pero Alquimia Rosa es mucho más que una actividad deportiva. Es, principalmente, un lugar de encuentro.
“Es un lugar de contención, porque todas sabemos lo que transitamos. Algunas más, otras menos, porque todas somos distintas y lo transitamos de manera distinta”, expresaron.
El diagnóstico también atraviesa a toda la familia
Otro de los aspectos que surgió durante la charla fue el impacto que tiene la enfermedad sobre el entorno de quien recibe el diagnóstico.
La familia y los amigos cumplen un papel fundamental, aunque muchas veces tampoco saben cómo reaccionar ante una situación para la que nadie está preparado.

“Ni siquiera nosotros, cuando te dicen que tenés cáncer, sabemos cómo vamos a reaccionar”, reflexionaron.
En ese sentido, recordaron una frase que les transmitió en aquel momento su médico oncólogo, Eduardo Landolfi: “Es una enfermedad, o sea, nos va a enfermar a todos, si no estamos bien plantados”.
La expresión sintetiza una realidad que muchas familias atraviesan: el diagnóstico no queda limitado a quien recibe la noticia, sino que modifica dinámicas, genera temores y obliga a reorganizar la vida cotidiana.
Concientizar desde la experiencia
Desde Alquimia Rosa buscan que sus propias historias sirvan para visibilizar la enfermedad, acompañar a quienes están transitándola y, especialmente, insistir con la importancia de los controles.
Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y una historia diferente. Y porque hablar de cáncer de mama también puede ser una manera de quitarle miedo, generar conciencia y recordar que cuidarse, hacerse los controles y consultar a tiempo son acciones que pueden marcar una diferencia.
En Octubre Rosa, sus testimonios vuelven a poner en palabras aquello que muchas veces cuesta decir: hay momentos que cambian la vida, pero también hay caminos para seguir, acompañarse y mirar hacia adelante.












