El arbolado urbano y los espacios verdes ganan protagonismo como herramientas clave para mejorar la calidad de vida en las ciudades. Así lo plantearon Javier Nucci, licenciado en Psicología, y José Garcés, ingeniero forestal, quienes analizaron el impacto de la infraestructura verde en la salud y el entramado social.
Durante la entrevista, ambos especialistas destacaron que existe un amplio respaldo científico sobre los beneficios del arbolado urbano. No solo contribuye a mejorar el ambiente y mitigar el impacto climático, sino que también incide directamente en la salud física y mental de las personas, con efectos positivos como la reducción del estrés y la ansiedad.
En ese marco, hicieron hincapié en la necesidad de planificar el desarrollo del arbolado en función de las características propias de cada territorio. Señalaron que no es viable replicar modelos de otras ciudades sin considerar variables como el tipo de suelo, el clima o las particularidades culturales de la comunidad. “Cada lugar requiere un diseño pensado a su medida”, coincidieron.
La charla también puso el foco en las iniciativas locales que buscan fortalecer esta mirada. En particular, se destacó el trabajo que se viene desarrollando desde el programa “Puerto Ciudad” del Puerto Quequén, que impulsa acciones de forestación con un fuerte componente social y educativo.
Una de las experiencias más recientes tuvo lugar en la ribera de Quequén, donde se llevó adelante una jornada de plantación con la participación de escuelas especiales. La actividad no solo apuntó al cuidado del ambiente, sino también a la inclusión y la construcción de vínculos comunitarios.
Por último, los especialistas coincidieron en que el desafío pasa por sostener y ampliar este tipo de propuestas a través del trabajo articulado entre el Estado, el sector privado y la sociedad. Además, remarcaron la importancia de generar conciencia y compromiso ciudadano para garantizar el cuidado y la continuidad de los espacios verdes a largo plazo.












