El incendio forestal que azota distintos puntos de la provincia de Chubut dejó un escenario devastador: bosques arrasados, viviendas afectadas y servicios básicos completamente destruidos. Así lo describió Norberto “Tano” Cafiel, vecino solidario y referente comunitario, quien se encuentra desde el lunes en la zona colaborando de manera directa con los damnificados. Redes eléctricas y telefónicas caídas, falta de agua y combustible, caminos cubiertos de ceniza y focos activos que reaparecen con el viento conforman un panorama de altísimo riesgo.
En diálogo con el programa “Esta Mañana”, Cafiel explicó que, más allá del daño visible, persiste una amenaza constante: la pinocha encendida bajo tierra y los pequeños focos que resurgen sin aviso. “Donde rota el viento, el fuego vuelve a aparecer”, relató, describiendo jornadas enteras de trabajo junto a bomberos, rescatistas y vecinos, muchas veces en lugares de difícil acceso donde solo se llega con camionetas 4×4 o a caballo. Si bien destacó la presencia de cuadrillas y personal de emergencia, también transmitió lo que comentan los lugareños: que los aviones hidrantes habrían llegado varios días después del inicio del fuego, algo que, de confirmarse, podría haber reducido el impacto del desastre.
Otro punto sensible que surge desde la voz de los pobladores es la sospecha de posibles intereses detrás del incendio. Cafiel aclaró que no se trata de una afirmación propia, sino de lo que escucha en el territorio: vecinos que hablan de intencionalidad vinculada a proyectos mineros en zonas específicas. “Uno no vive acá y no puede asegurar nada, pero sí trasladar lo que dicen quienes lo están padeciendo”, explicó, remarcando que será tarea de las autoridades investigar y esclarecer el origen del siniestro.
Más allá de las causas, el relato del Tano conmueve por las historias humanas que deja el fuego. Maestros dando clases sin luz en parajes aislados, familias que recuperan la electricidad y por primera vez pueden verse los rostros por la noche, personas heridas que siguen trabajando, y adultos mayores completamente aislados. “Lo que para algunos es poco, para otros es un montón”, reflexionó Cafiel, quien en las próximas horas emprenderá el regreso, no sin antes asistir a quienes todavía esperan una mano solidaria. Un testimonio que expone la crudeza del incendio, pero también la enorme red de humanidad que se teje en medio de la tragedia.












