El fenómeno registrado en distintas localidades de la costa atlántica, que dejó como saldo una víctima fatal y varios heridos, volvió a encender las alertas sobre un tipo de evento poco frecuente pero altamente peligroso: el metetosunami. A diferencia de los tsunamis tradicionales, estos episodios no están vinculados a movimientos sísmicos, sino a condiciones meteorológicas específicas que provocan un retiro abrupto del mar y un regreso violento del agua en pocos minutos.
En diálogo radial con “Esta Mañana”, Pablo Suárez, secretario general de la Asociación de Guardavidas, explicó que este tipo de situaciones ya se han registrado en otras oportunidades, incluso años atrás, aunque su aparición es esporádica y difícil de prever. “Son olas que no suceden con frecuencia. El mar se retira de manera llamativa, 50 o hasta 70 metros en algunos casos, y eso genera curiosidad. El problema es que mucha gente avanza hacia ese sector sin saber que el agua va a volver con mucha fuerza”, detalló.
Según relató, el mayor riesgo se da en los primeros metros cuando el mar recupera su nivel natural. “Ahí es donde la ola golpea con mayor intensidad y puede arrastrar personas, sobre todo niños o adultos mayores. Si además ocurre en zonas con piedras o escolleras, las consecuencias pueden ser graves”, advirtió. En el caso ocurrido recientemente, la víctima fue impactada violentamente contra las rocas tras el regreso repentino del agua.
Suárez remarcó que, ante cualquier comportamiento inusual del mar, la principal recomendación es no ingresar al agua. “Puede llamar la atención, puede parecer algo ‘lindo’ o curioso, pero no lo es. El mar siempre vuelve a su cauce y lo hace con fuerza. Lo más seguro es quedarse en la orilla y dar aviso al personal de seguridad o guardavidas”, señaló.
Consultado sobre si estos fenómenos pueden estar relacionados con el cambio climático, explicó que los factores pueden ser diversos y que no hay una única causa. “Puede tener relación con condiciones meteorológicas particulares, cambios bruscos de presión o vientos intensos. Lo cierto es que no se pueden anticipar, por eso la prevención y la información son fundamentales”, sostuvo.
Desde el cuerpo de guardavidas también insistieron en la importancia de respetar las zonas habilitadas para bañarse y hacerlo siempre donde haya cobertura de seguridad. “Tenemos un mar abierto, con corrientes de arrastre fuertes. A veces vemos chicos muy pequeños bañándose solos, y eso es un riesgo enorme. Los niños deben estar siempre bajo la supervisión directa de un adulto, no alcanza con mirarlos desde lejos”, subrayó.
Finalmente, Suárez se refirió a la convivencia con surfistas y practicantes de deportes acuáticos, especialmente en temporada alta. En ese sentido, recomendó que quienes practican estas actividades se mantengan alejados de las zonas concurridas por bañistas para evitar accidentes. “La tabla puede transformarse en un elemento peligroso si hay gente alrededor. Es clave respetar los espacios y cuidar al otro”, concluyó.
La advertencia vuelve a ser clara: ante cualquier señal fuera de lo normal, precaución, respeto por las indicaciones y conciencia de que el mar, aunque atractivo, puede volverse peligroso en cuestión de minutos.












