Agustín Staropoli, arquero de 34 años, compartió su intensa trayectoria futbolística en Italia y una profunda reflexión sobre la vida, el desarraigo y la importancia de la resiliencia, al dialogar en el programa “Esta mañana” con Federico Cañadas y Nicolás Mario Tambascia, que se emite por NEC Radio, 98.3 del multimedios NQ.
Agustín lleva el fútbol en la sangre, a los 16 años, dejó Necochea para ir a Buenos Aires, una decisión que marcaría el inicio de una vida lejos de casa. “El último año de colegio me fui a Buenos Aires. Y bueno, ya de ahí no volví más a Necochea a vivir”, recuerda. Su talento lo llevó a ser preseleccionado para la Sub-18 argentina, una experiencia que lo marcó.

En su paso por inferiores, compartió entrenamientos y almuerzos con “Dibu” Martínez. “Él es de Mar del Plata, yo de Necochea, en ese momento teníamos el mismo representante”, cuenta Agustín, y añade con orgullo: “De hecho, mi primer partido como profesional, juego con guantes que me mandaba él. Él ya estaba en Inglaterra”. Agustín no oculta su admiración por el campeón del mundo: “No me pareció alocado [su llamado a la Selección] porque es un arquero que se formó en Europa… será seguramente uno de los arqueros más importantes de la historia del fútbol argentino por lo que logró, impresionante”.
La aventura italiana: sacrificio, adaptación y un fútbol pasional
Hace cinco años, en medio de la pandemia, Agustín tomó la decisión de cruzar el Atlántico. “Fue una decisión también de vida personal, que creí que era el momento de cambiar porque sentía que acá no progresaba”, explica. Con ciudadanía italiana en mano, desembarcó en Policoro, en la región de Basilicata. Los inicios no fueron fáciles. La adaptación no solo implicó un nuevo idioma, sino también los distintos dialectos de cada región. Sin embargo, la hospitalidad italiana, especialmente en Sicilia donde vivió dos años, fue fundamental. “Los sicilianos tienen ese amor en la familia… te dan todo”, relata con afecto, recordando la conexión que hizo con una familia de pescadores, que le hizo sentir como en casa.
Este año, en Barletta, una ciudad de cien mil habitantes, vivió la intensidad del fútbol italiano. “Para la categoría en la que estamos, que es la cuarta del fútbol italiano, había partidos de 6 mil, 7 mil personas en el estadio”, dice asombrado, y agrega: “Muy pasionales, muy como nosotros, muy pasionales”.

El “caos” de Nápoles le recordó mucho a Buenos Aires, pero con un toque especial. “Donde decís que sos argentino, ahí te abren las puertas de cualquier lugar”, asegura, en clara alusión a la huella imborrable que dejó Maradona. “Nápoles no existía antes de Maradona… fue una reivindicación del sur”.
Con 34 años y un futuro inmediato que lo verá regresar a Italia para seguir jugando, Agustín reflexiona sobre su carrera y la vida. “El arquero, si se cuida, si es responsable, si se entrena, tiene un poco más de carrera que el jugador”, analiza. Pero más allá de lo deportivo, su visión de la vida ha madurado. “Uno empieza también a aprender esa parte o a ver esa parte que por ahí más de joven no la querés ver”. Por eso, comenzó a prepararse como entrenador de arqueros, una faceta que le apasiona.
Su camino, que comenzó en Necochea y lo ha llevado a Europa, es un reflejo de la audacia para perseguir los sueños, incluso cuando implica dejar atrás lo conocido.












