Milagros Echaves es una joven quequenense de 17 años que está tejiendo una prometedora carrera en el rugby. Mili descubrió el rugby hace tres años, casi por casualidad. Su hermano mayor, rugbier de toda la vida, fue quien le dio el empujón inicial. “Siempre el rugby para mí fue como un deporte que me gustaba, siempre lo veía, y me llamaba la atención, pero como todo deporte representado mayormente por hombres, decía, es algo para mí imposible,” confesó Milagros. Sin embargo, la llegada de una chica al club Tiburones con la propuesta de formar un equipo femenino cambió su destino. “Fui a probar, y bueno, acá estamos, tres años después”, relata con satisfacción, al dialogar con Johana Radusky y Estefanía Besoin en los estudios de NEC Radio 98.3 del multimedios NQ, durante el programa “Muchachas”.
El inicio fue prometedor, con un equipo de 30 chicas. Pero como suele suceder en los deportes emergentes, el entusiasmo inicial se diluyó. “Pasamos de ser 30 a ser 5 o 4,” lamenta Milagros. La desmotivación, la falta de continuidad en los torneos y el carácter de “hobby” para muchas, fueron factores que desgastaron al equipo.
Pero Mili no se rindió. ¿Qué la sostuvo en esas condiciones adversas, entrenando sola, con varones o viajando a Mar del Plata? “La pasión, me gusta llamarle ese fueguito, que lo mantengo ahí, encendido como sea,” reveló. La autoexigencia personal y una sólida red de contención familiar y de entrenadores fueron clave. “Siempre tuve esas personas al costado mío acompañándome y diciendo, mirá, inténtalo una vez más,” destacó.

Entrenar con los varones de la categoría M17 de Tiburones, a pesar de las diferencias físicas, fue un desafío que la motivó aún más. “Ellos son mucho más grandes en edad que yo y físicamente también… a mí me gusta el complicármelo un poquito más,” explicó. Lejos de comentarios machistas o la exclusión, Milagros encontró en sus compañeros un apoyo incondicional. “Con la gran mayoría, hasta el día de hoy yo tengo un trato excelente con ellos… ahora soy una más.”
El salto a Jaguaretés: vestir la camiseta más deseada
Agosto del año pasado marcó un antes y un después para Mili. Mientras estaba en clase en la Secundaria 7, recibió el llamado más esperado: la manager de Jaguaretés, el seleccionado argentino femenino de rugby, le anunciaba su primera convocatoria. “Fue una locura, porque claro, para cualquier jugadora de cualquier deporte, llegar aunque sea a preselección, así decir, a una concentración nacional del deporte que haga, es una locura,” afirmó, y confesó que no se lo esperaba “para nada.”
Con solo 14 años ya la habían “visto”, aunque las convocatorias suelen ser a partir de los 15. Su paso por el seleccionado de la Unión de Mar del Plata, donde fue la mejor jugadora en un Torneo de la República con 15 años, la había preparado para este momento.
La experiencia en Casa Pumas fue inolvidable. “Compartimos el espacio con Jaguaretés, el plantel… yo a ellas las veía por la tele,” relató con emoción. Desayunar, almorzar, entrenar y compartir gimnasio con sus ídolas era “una locura”. Lo más importante, sin embargo, era “vestir esa camiseta, que para mí era… lo máximo.”
Las concentraciones, que duran entre 2 y 4 días, son totalmente costeadas por la Unión Argentina de Rugby (UAR). “Jamás pagué nada, nunca, los hospedajes, los viajes, la comida… todo, todo, todo, todo costeado por ellos,” destacó Milagros, valorando la tranquilidad que esto le da para enfocarse al cien por ciento en su rendimiento.
Más allá de lo físico: valores y crecimiento personal
El salto al nivel selección implicó ajustar aspectos como el aeróbico, pero Milagros enfatiza que el apoyo psicológico y anímico de sus entrenadores fue fundamental. “Para mí ellos son un pilar importantísimo… nunca a mí me permiten bajar los brazos,” aseguró.
En el rugby, los valores son primordiales. “Hay una delgada línea en la que vos sos un jugador noble y un jugador mala leche,” explica Mili. Ser un buen aporte para el grupo, con disciplina y el objetivo claro de “a dónde yo quiero llegar como jugadora,” son pilares de su crecimiento.

Con 17 años y cursando sexto año, Mili se prepara para los próximos Juegos Panamericanos y ya piensa en el futuro. Aunque el alto rendimiento la tomó por sorpresa, su plan es terminar el colegio y estudiar Contabilidad en La Plata, pero sin dejar de lado la pasión que la impulsa.












