La ganadería argentina dio un paso decisivo hacia la modernización y la inserción internacional con la implementación obligatoria del sistema de trazabilidad electrónica para los animales de producción. Tras más de dos años de postergaciones y un período de aplicación voluntaria durante 2025, el nuevo esquema comenzó a regir desde el 1° de enero de 2026 en todo el país.
La medida quedó establecida mediante la Resolución 841/2025 del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), que regula el Sistema Nacional de Identificación Electrónica de Animales en bovinos, bubalinos y cérvidos. La norma es clara: ningún animal criado con fines comerciales podrá ser movilizado ni permanecer en el establecimiento luego del destete sin contar con identificación individual electrónica.
Un sistema mixto: caravana visual + chip electrónico
El nuevo esquema reemplaza el sistema exclusivamente visual por uno mixto.
Se mantiene la caravana tradicional visible.
Se incorpora un chip electrónico (RFID) integrado en un botón que se coloca en la oreja del animal.
Cada dispositivo contiene un número identificatorio visible y, en su interior, un chip que puede ser leído mediante un bastón lector portátil o sistemas automáticos instalados en la manga. De este modo, productores y operadores pueden acceder de forma inmediata a datos clave: propietario, ubicación, historial de movimientos, y cumplimiento de planes sanitarios, entre otros antecedentes.
Modernización productiva y acceso a mercados
Desde el sector oficial y técnico se subraya que la trazabilidad electrónica es una herramienta estratégica para:
Sostener los mercados de exportación actuales.
Facilitar el acceso a destinos más exigentes, especialmente en términos sanitarios y de control de origen.
Mejorar la transparencia y la eficiencia de la cadena cárnica, en un contexto de recuperación y oportunidades comerciales.
La flexibilidad otorgada durante los últimos dos años permitió que muchos productores —en especial los de menor escala— fueran adaptando gradualmente sus sistemas de manejo y registro.
Costos e inversión: el principal desafío
Uno de los puntos más sensibles del nuevo esquema es el costo de implementación.
Cada caravana electrónica tiene un valor que varía según proveedor y volumen, pero implica una inversión adicional por cabeza.
A esto se suma, en algunos casos, la necesidad de adquirir lectores electrónicos o adecuar instalaciones.
Si bien para los establecimientos medianos y grandes la adopción resulta más sencilla, el impacto es mayor en los pequeños productores. No obstante, desde la cadena destacan que se trata de una inversión de largo plazo, que mejora la gestión del rodeo, reduce errores y agrega valor comercial al animal.
Un cambio estructural en la ganadería
Con la obligatoriedad ya en marcha, la identificación electrónica deja de ser una opción y pasa a formar parte del nuevo estándar productivo argentino. Un cambio profundo que no solo apunta al control sanitario, sino también a posicionar a la carne argentina en un escenario global cada vez más exigente en trazabilidad, transparencia y calidad.












