El crecimiento de las artes marciales en la ciudad suma una disciplina que gana cada vez más adeptos: el jiu-jitsu. De la mano del instructor Leandro Olariaga, la actividad se consolida como una propuesta que combina deporte, defensa personal y formación en valores.
“El jiu-jitsu es un arte marcial basado en reducir y someter al oponente mediante técnicas como palancas, estrangulaciones y control en el piso”, explicó Olariaga, quien dicta clases en el marco de la Academia.
A diferencia de otras disciplinas de contacto, el jiu-jitsu no incluye golpes de puño ni patadas, sino que se centra en la lucha cuerpo a cuerpo y en el dominio técnico.
Un deporte sin golpes, pero de alta exigencia
En la práctica deportiva, los combates pueden definirse por sumisión o por puntos, que se obtienen al avanzar en distintas posiciones durante la lucha.
“Se trata de ir pasando por posiciones que suman puntos, como controlar al rival, montarlo o tomar la espalda. También existen penalizaciones por agarres prohibidos”, detalló el instructor.
El combate, generalmente, se desarrolla en el piso y tiene una duración aproximada de cinco minutos, donde la estrategia y la técnica son determinantes.
Formación desde la base: defensa, respeto y disciplina
Uno de los aspectos más destacados del jiu-jitsu es su enfoque formativo, especialmente en los más chicos.
“Los padres suelen tener miedo de que sus hijos se vuelvan violentos, pero es todo lo contrario. Primero se les enseña a defenderse y a escapar, no a atacar”, señaló Olariaga.
Además, remarcó que la disciplina ayuda a trabajar valores fundamentales como el respeto, la constancia y la tolerancia a la frustración.
“Dentro del tatami los chicos aprenden que a veces se gana y a veces se pierde. Lo importante es respetar al compañero y seguir intentando”, sostuvo.
Crecimiento sostenido y proyección competitiva
Actualmente, la disciplina cuenta con grupos tanto infantiles como de adultos, con una convocatoria que continúa en aumento.
El jiu-jitsu, particularmente en su variante brasileña, tiene una fuerte presencia a nivel mundial y es una de las bases más importantes en las artes marciales mixtas.
“Es un deporte que permite el contacto sin necesidad de golpes. Eso atrae a muchas personas que buscan aprender defensa personal sin exponerse a lesiones típicas de otros deportes”, explicó.
En lo inmediato, los practicantes locales se preparan para competencias provinciales, donde algunos alumnos darán el salto a categorías más exigentes.
“El nivel es cada vez más alto. Los que compiten ya entrenan como atletas, con preparación física, técnica y alimentación”, indicó.
Una comunidad que crece
Otro de los rasgos distintivos del jiu-jitsu es la camaradería entre quienes lo practican.
“Es un deporte donde necesitás del otro para entrenar. Eso genera un vínculo muy fuerte. Incluso cuando viajás, podés entrenar en cualquier academia y te reciben como uno más”, destacó Olariaga.
Con una combinación de técnica, disciplina y valores, el jiu-jitsu continúa expandiéndose como una alternativa deportiva que va mucho más allá del combate.












