El arranque de 2026 dejó un dato imposible de ignorar: las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior (DJVE) con fecha de embarque en enero alcanzaron 10.065.011 toneladas, el mayor volumen mensual de registraciones de exportaciones de los últimos años. Un número que no solo marca un récord estadístico, sino que envía un mensaje claro sobre la capacidad de respuesta del sector agroindustrial argentino cuando las condiciones productivas acompañan.
Los datos surgen de un informe de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, elaborado a partir de registros procesados por la Subsecretaría de Mercados Agroalimentarios e Inserción Internacional.
En términos comparativos, el salto es contundente: 47% más que enero de 2025 y 112% por encima de enero de 2024, además de superar el récord previo de enero de 2022. Pero más allá de los porcentajes, el trasfondo productivo explica el fenómeno.
El peso de la cosecha fina y el aporte regional
El motor principal de este resultado fue la cosecha fina, con un trigo que alcanzó volúmenes históricos y una cebada que consolidó su lugar en el esquema exportador. El complejo trigo sumó más de 4 millones de toneladas, mientras que la cebada rozó el millón de toneladas, ambos récords para un mes de enero.
En ese desempeño tuvo un rol central el sur de la provincia de Buenos Aires, donde se concentran algunas de las mejores condiciones agroecológicas para estos cultivos. Zonas como el sudeste bonaerense, con fuerte presencia triguera y cebadera, aportaron rindes elevados y calidad comercial, permitiendo abastecer sin sobresaltos la demanda externa en el inicio del año.
Para muchos productores de la región, este escenario funcionó además como un alivio financiero, tras campañas atravesadas por sequías, volatilidad de precios y márgenes ajustados. La posibilidad de colocar mercadería con fluidez en los mercados externos generó movimiento comercial, logística y actividad portuaria, con impacto directo en las economías locales.
Señales al mercado y a la política
El récord de DJVE no solo refleja una buena campaña agrícola. También deja una señal política y económica: cuando hay producción y previsibilidad, el sector responde rápido. La agroindustria volvió a mostrar su capacidad para generar divisas en un contexto donde el país las necesita de manera urgente.
Sin embargo, el desafío sigue siendo transformar estos picos excepcionales en una tendencia sostenida, que combine inversión, estabilidad normativa y reglas claras. De lo contrario, los récords seguirán dependiendo más del clima que de una estrategia de largo plazo.
Por ahora, enero dejó una foto potente: el campo empujó, los puertos se movieron y el sur bonaerense volvió a ser protagonista. La pregunta es si este impulso encontrará un marco que le permita sostenerse más allá de una cosecha excepcional.












