Como quisimos demostrar en nuestro anterior artículo, la ciudad y el distrito que se identifican con el nombre del mariscal Mariano Pascual Necochea, glorioso Granadero sanmartiniano y “admiración de América” (como lo cualificó Simón Bolívar), al ser portadores de su nombre llevan impregnados por eso mismo —como su ADN— la impronta y los valores que caracterizó la vida de uno de los oficiales más apreciados por el Libertador.
Pero además, el territorio sobre el cual se asentó originalmente la ciudad también está ligado, directamente, con otro gran soldado de nuestra bendita Patria, el general Eustoquio Antonio Díaz Vélez (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1782 – Buenos Aires, 1 de abril de 1856), quien luchó en las Invasiones inglesas, participó activamente en la Revolución de Mayo y combatió en la guerra de independencia, cumpliendo un rol importantísimo en la Batalla de Tucumán (24 de setiembre de 1812) bajo las órdenes del general Manuel Belgrano.
También tuvo activa participación en las guerras civiles argentinas, al servicio de las políticas llevadas a cabo por los Directores supremos contra las fuerzas federales del Interior, nucleadas alrededor de la jefatura de José Gervasio Artigas, supremo Protector de los Pueblos Libres.
En febrero de 1822 se retiró de la vida militar y pasó a ocuparse de actividades camperas, con gran éxito. Aprovechó la Ley de Enfiteusis impulsada por Bernardino Rivadavia y sancionada por el Congreso General Constituyente de 1826 para poblar gran cantidad de terrenos, en los que fundó varias estancias, entre ellas la conocida como Médanos Blancos, al sur del río Quequén Grande y lindante con el Mar Argentino. En este aspecto, se convirtió en el mayor propietario individual de campos en la provincia de Buenos Aires.
Junto con Juan Manuel de Rosas, Juan Nepomuceno Terrero, Nicolás Anchorena y otros hacendados importantes se opusieron a la intención del Congreso Constituyente de 1826 de designar a la ciudad de Buenos Aires como capital del Estado y de disolver los poderes y autoridades de la provincia de Buenos Aires.
A partir de 1839 participó en el movimiento Libres del Sur contra las políticas aplicadas por Juan Manuel de Rosas en su segundo período gubernamental, pero al ser derrotado el mismo perdió gran parte de su patrimonio y se vio obligado a exiliarse a Montevideo.
Después de la batalla de Caseros (1852) volvió al país y pudo recuperar gran parte de sus campos y propiedades que le habían sido confiscadas. Formó parte del movimiento que produjo la Revolución del 11 de setiembre de 1852, por la cual la provincia de Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina.
Falleció el 1 de abril de 1856, sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta (ciudad de Buenos Aires).
Fue su hijo, Eustoquio —hacendado y partícipe activo en la política provincial—, quien heredó los campos de su padre, entre ellos el ya citado Médanos Blancos, en una de cuyas parcelas se fundó el 12 de octubre de 1881 la ciudad de Necochea, junto a la cual se erigió el primer balneario turístico de la costa atlántica argentina, inicialmente denominado Villa Díaz Vélez, incorporado en 1911 al ejido urbano.
Un claro ejemplo de que la verdadera vocación patriótica no está reñida con la ética en los asuntos económicos privados, y que el compromiso político debe estar orientado siempre a la comunidad de la que se forma parte, no a servirse de él para acrecentar fortunas personales a costa del erario público.
En definitiva, entre el prócer que le da el nombre a la ciudad y los dos patriotas que honraron la acción política, la ciudad y el distrito de Necochea tienen un honroso legado que cumplir, para bien de todos los que habitan su suelo y para felicidad de sus hijos.












