Gabriela Basualdo, la taekwondista necochense que, con una carrera de 36 años, se coronó recientemente campeona mundial en Escocia, logrando el hito que le faltaba en su extensa trayectoria.
El taekwondo llegó a la vida de Gabriela de la mano de su hermano, cuando ambos eran niños y sus padres buscaban una actividad deportiva para ellos. Lo que en un principio fue un “no me gusta, no quiero que nadie me toque”, se transformó en una pasión que nunca más abandonó. “Una vez que arranqué, no dejé más”, recuerda, al dialogar con Johana Radusky y Estefanía Besoin en los estudios de NEC Radio 98.3 del multimedios NQ, durante el programa “Muchachas”.
Esta continuidad, según la campeona, se vio fortalecida por el entorno familiar y el apoyo de su equipo. A lo largo de los años, los viajes y los torneos se convirtieron en una constante, costeadas en gran parte por el esfuerzo familiar y el trabajo de sus padres. “En nosotros, la diferencia es el cien por cien de la familia. El sponsor apareció en su momento, pero hoy cuesta tanto… si no es una cuestión familiar, tampoco se puede”, subraya, destacando el rol fundamental de su hija Constanza, que la acompañó en su último mundial.

El desafío de la élite y la mentalidad ganadora
A lo largo de su carrera, Gabriela ha enfrentado los desafíos de una disciplina donde el apoyo institucional es escaso. “No tenemos un equipo de laburo, un kinesiólogo, un psicólogo deportivo. Cada uno si quiere hacer algo de eso, tiene que pagárselo”, explica, haciendo hincapié en la realidad de muchos deportistas argentinos.
Aun así, la competidora siempre supo cómo sobreponerse. En la final del mundial en Escocia, por ejemplo, tuvo que luchar con la base del pie lastimada. “Dije, ‘ya está, no importa’, mi cabeza estaba en otra cosa. Estaba en que ‘quería ser lo mejor’. No ser ni la mejor, ni que, ‘ay, sí, voy a ganar’. Quería ser lo mejor”, confiesa.
El taekwondo como una escuela de vida
Hoy, Gabriela Basualdo no solo es una atleta de élite, sino también una formadora que comparte su pasión en su propia escuela. Con un sexto dan en taekwondo, enseña a niños y jóvenes no solo a dar una patada frontal o un golpe de mano, sino también los valores de la disciplina, el autocontrol y la perseverancia.
Al hablar sobre los principios del taekwondo, Basualdo agrega a los tradicionales otros que considera cruciales para las nuevas generaciones: “dedicación, constancia, esfuerzo, entrenamiento”. Su compromiso con el deporte es total, y su legado no se mide solo en medallas, sino en cada alumno que aprende, con ella, a levantarse, a esforzarse y a ser mejor, tanto dentro como fuera del tatami.












