El cocinero Gonzalo Massey nos abrió las puertas de su mundo, en una entrevista junto a Federico Cañadas, desde los estudios de NEC Radio, 98.3 del multimedios NQ, durante el programa “Esta Mañana”. Con más de 20 años de trayectoria en Necochea, este chef, que se autodefine como cocinero de corazón, nos compartió su visión de la gastronomía: una mezcla de pasión, innovación y una profunda conexión con el arte de alimentar.
Gonzalo llegó a Necochea en el 2001, escapando de la crisis y buscando un nuevo comienzo. Desde el primer día, se instaló en el Hotel Ñikén, donde ha desarrollado su carrera y su estilo, siempre con la libertad de explorar y proponer. “La cocina es un juego e innovar, ir trayendo cosas nuevas, ir fusionando cosas, hace que la gente le guste y vaya probando”, afirma.
Sin embargo, su pasión no se limita a las cocinas tradicionales. Recientemente ha incursionado en un proyecto vanguardista que lo llevó a recorrer el país: la cocina móvil con inteligencia artificial. “Este año redoblé la apuesta, no solamente hicimos comida con inteligencia artificial, sino que también armamos una cocina móvil y sacamos lo que es la cocina de las cuatro paredes”, comentó. Este innovador concepto lo llevó a cocinar en plazas, salones y hasta en un catamarán, demostrando que la creatividad no tiene límites físicos. “El parámetro es: el cocinero, si tiene ganas, puede cocinar donde sea”, sentenció.

Más allá de las nuevas tecnologías, Gonzalo mantiene los pies en la tierra, o, mejor dicho, en las verduras de la región y en los productos locales. Orgulloso de la calidad de la materia prima, destacó que los proveedores de Necochea ofrecen productos que les permiten competir “con cualquiera”. Este vínculo con la tierra y el mar de la zona se refleja en sus platos, donde fusiona la tradición con la innovación. Su debilidad son las pastas, especialmente aquellas que rompen con lo convencional. “Hago unos sorrentinos de masa integral con batata y queso azul”, reveló, y mencionó unos raviolones de molleja que ya se han convertido en un plato de culto en la ciudad.
Pero para él, la cocina es un trabajo en equipo. Desde los ayudantes hasta el mozo, todos son parte de una “familia” que comparte más que un espacio laboral. “Que vuelva el plato vacío y que ese cliente vuelva”, es su máxima satisfacción. En sus palabras, el éxito no solo está en la comida, sino en la experiencia, en la conexión humana que se genera alrededor de la mesa.












