La historia de Graciela Cichello, conocida artísticamente como Tuna, emociona y deja huella. Cantante, actriz y artista multifacética, hoy reside en el Hogar Raimondi, pero su recorrido vital y artístico atraviesa escenarios, provincias y momentos muy difíciles. En Cerrando la Mañana, compartió su testimonio de vida, marcado por la música como refugio, la pérdida y la reconstrucción.

Nacida en Capital Federal, Graciela tuvo una extensa trayectoria artística. Fue solista, integró mariachis, realizó serenatas y más tarde representó durante años la música y las danzas de Santiago del Estero, participando en peñas y festivales de renombre. Recordó con orgullo su paso por escenarios donde la identidad cultural era central y cómo fue bautizada con su nombre artístico por referentes del folklore santiagueño. Siempre defendió la enseñanza de las danzas tradicionales en las escuelas, convencida de que lo aprendido en la infancia queda para toda la vida.
Su vida dio un giro abrupto tras una seguidilla de golpes duros. Mientras cuidaba a su padre durante la pandemia, contrajo dengue, lo que afectó seriamente su voz y su capacidad pulmonar. En ese mismo período, perdió su casa en el monte santiagueño, un lugar que había construido en plena naturaleza. “Me quedé muda y sin casa”, resumió, al explicar por qué decidió cerrar una etapa y buscar un nuevo destino.
Ese destino fue Necochea. Graciela ya conocía la ciudad por visitas anteriores y eligió instalarse en el Hogar Raimondi, donde encontró algo más que un lugar para vivir. Destacó el acompañamiento del equipo profesional, kinesiólogos, psicólogos y personal que, según contó, “te miman y te devuelven las ganas”. Gracias a ese proceso, logró recuperar parte de su voz y volver a cantar. No como antes, aclaró, pero sí lo suficiente como para reencontrarse con el escenario y con ella misma.
Lejos de aislarse, Graciela se integró rápidamente a la vida cultural de Necochea. Participa en peñas, encuentros folklóricos, teatro y actividades comunitarias. Cantó en plazas, espacios culturales y eventos locales, y remarcó que siempre que llega a un lugar decide involucrarse y construir vínculos. “No vengo de paso, vengo a vivir”, afirmó, destacando el cariño recibido y los nuevos amigos que fue haciendo en la ciudad.
Este fin de semana, Graciela se presentará en el Centro de Integración Portuaria, donde compartirá un repertorio que incluirá folklore, tango y canciones del recuerdo, con la impronta espontánea que la caracteriza. La propuesta forma parte de una movida cultural que busca dar espacio a artistas locales y regionales, en un entorno cuidado y abierto a toda la comunidad.
Su historia es una síntesis de dolor, resiliencia y arte, pero sobre todo de una convicción profunda: la música sigue siendo un motor, aun cuando la vida obliga a reinventarse. En Necochea, Graciela volvió a cantar, volvió a compartir y volvió a proyectar.












