En una charla franca y sin rodeos, Néstor Diez, un necochense con una perspectiva aguda sobre el desarrollo y los desafíos de su ciudad, comparte sus reflexiones en la mañana de NEC Radio dialogando con Federico Cañadas y Nicolás Mario Tambascia sobre temas cruciales como el futuro del Parque Miguel Lillo, la edificación costera y la acuciante problemática de la erosión en Quequén.
Néstor tiene una perspectiva privilegiada sobre la evolución de Necochea. Recuerda una ciudad “achatada” en su juventud, que comenzó a resurgir en edificaciones, especialmente en la villa balnearia, tras un auge en los años 70 que se apagó en la década siguiente, dejando a su paso esqueletos de construcciones truncas. “Yo me crié viendo esqueletos”, confiesa, reflejando la volatilidad del mercado local.
Contrasta esta realidad con el “boom” de la construcción que a veces se menciona, señalando que lo que para Necochea puede parecer un auge palidece en comparación con la actividad en ciudades como Mar del Plata o el crecimiento exponencial de Pinamar en los últimos años.

Para Néstor, la actividad privada en Necochea es “loable”, destacando iniciativas que florecen a pesar de las dificultades. En su experiencia, esta administración municipal muestra una actitud más proactiva para solucionar problemas, aunque la falta de infraestructura y fondos a veces lo dificulta. “Me pasó con otras administraciones que entrás a la municipalidad con un problema y salías con tres”, ironiza.
Un punto crítico en su análisis es la subdivisión de lotes en Necochea, que considera “muy chicas” y propias de otra época, limitando el crecimiento y obligando a los desarrolladores a adaptarse a lo que quedó. Esto se suma a un código de edificación que, a su juicio, parece diseñado para ciudades con terrenos amplios, generando incongruencias y trabas para proyectos lógicos. “Entre dos edificios de 15 pisos se quedó una parcela. ¿Qué vas a construir que no sea un edificio de 15 pisos?”, se pregunta, cuestionando la lógica de informes municipales que se oponían a proyectos viables económicamente.
Finalmente, Néstor arremete contra ciertos grupos “ambientalistas” que se oponen sistemáticamente a cualquier desarrollo, incluso a la aplicación de normativas lógicas para una ciudad costera. Cuestiona la exigencia de mantener un 20% de suelo absorbente en la Avenida 2, frente al mar, calificándolo de “ridículo”. También critica la falta de visión para abordar problemas como el estacionamiento, penalizando edificios en lugar de buscar soluciones integrales.
Con una visión pragmática y a pesar de dedicarse a la construcción, Néstor es categórico sobre el Parque: “No hay que construir adentro del parque”. Sin embargo, critica la postura inmovilista de algunos “pseudo ambientalistas” que se oponen a cualquier intervención. “Cualquier persona que sabe del manejo de la masa forestal te dice que tenés que tener cortafuegos, que tenés que hacer la tala para que el bosque esté sano”, advierte, señalando el peligro de incendios ante la falta de mantenimiento adecuado y una estación de bomberos específica para el parque.

Néstor propone abrir calles dentro del parque, no solo para el uso público, sino como cortafuegos y vías de acceso para vehículos de emergencia. Recuerda, con una crítica a la gestión Molina, cómo la tala de una manzana detrás del casino, aunque por error, generó un espacio verde muy utilizado por las familias. “No hacer nada en el parque no es una opción, hay que hacer”, sentencia, abogando por un equilibrio entre la preservación y el uso responsable. Incluso defiende la existencia de la cancha de rugby en el parque, siempre y cuando no se entregue “de por vida” y se evalúe su continuidad a largo plazo.
La conversación deriva hacia la planificación urbana y las contradicciones que se observan en Necochea. Le preocupa la falta de una visión coherente para el desarrollo costero. “La 89, por ejemplo, es una calle que se está consolidando. Los edificios que están ahí entre la 8, la 6, en la esquina, le gusta a todo el mundo, queda bárbaro, entonces no toques el parque, porque justamente es lo que le da valores a esas calles”. En contraposición, critica la intención de limitar la altura a dos o tres pisos en la Avenida 10, frente al parque, argumentando que las vistas al pulmón verde valorizan las propiedades y atraen inversión. “Es sentido común”, afirma, instando a “copiar” modelos exitosos de ciudades con parques centrales.
La burocracia y las regulaciones obsoletas también son un obstáculo para el desarrollo armónico de la ciudad. “Todo lo que haces en la 89 es un drama para aprobarlo, porque estamos con las ordenanzas viejas. Hagamos una ordenanza que diga che, para todos igual”, propone Néstor, abogando por una normativa clara y equitativa que atraiga nuevos residentes y genere mejores servicios.
La erosión costera en Quequén es otro tema que aborda con preocupación. Recuerda cómo, en su momento, se había logrado un acuerdo entre desarrolladores, el Consorcio de Gestión del Puerto y la Municipalidad para destinar fondos remanentes del crédito del dragado a paliar el problema generado por la escollera sur. “Estaba todo alineado, no sé qué pasó”, lamenta, evidenciando la falta de continuidad en proyectos importantes. Explica cómo la deriva litoral acumula arena en la zona de Los Patos, privando de ese material a las playas de Quequén y exacerbando la erosión en el acantilado. Propone una solución práctica y económica: dragar arena de la zona de acumulación y destinarla a Quequén, una técnica con resultados probados en otros puntos de la costa. Sin embargo, la resistencia de algunos sectores ambientalistas, aferrados a estudios de “granulometría” sin resultados concretos, obstaculiza la implementación de soluciones urgentes. “A ver, paremos por amor de Dios, ¿cuántos años hace que estamos con ese estudio?”, exclama Néstor, evidenciando la frustración ante la inacción.
A pesar de los desafíos y las contradicciones, Néstor se muestra dispuesto a seguir aportando su visión para un Necochea mejor. “Tenemos una ciudad maravillosa”, concluye, dejando abierta la puerta a futuras conversaciones para profundizar en posibles soluciones y estrategias para el desarrollo sostenible de su querida ciudad. Su perspectiva, aunque crítica, está imbuida de un profundo amor por Necochea y un deseo genuino de verla prosperar.












