El reconocido empresario apícola hilvanó recuerdos de un pasado glorioso con la crítica de un presente que, a su juicio, adolece de falta de visión y apoyo. Wasowski pintó un retrato agridulce de Necochea, donde la nostalgia de un esplendor perdido se mezcla con la urgencia de sacudir un letargo que él mismo define con contundencia: “Necochea es una ciudad del no, podríamos hacer muchas cosas y no las hacemos”.
Durante una entrevista realizada a través de NECRADIO 98.3 del multimedios NQ, durante el programa “Esta Mañana” que conducen Federico Cañadas y Mario Tambascia, Wasawski describió su historia en la apicultura: “papá cuando vino de Polonia, él tenía una chacra en la parte donde era Polonia, que hoy es Ucrania, y en la chacra tenía unas colmenas. Después tuvo unas colmenas en los campos de algunos conocidos y ahí empezó la idea o la enseñanza nuestra, el cariño hacia las abejas. Luego papá fallece cuando yo era muy joven, yo tenía 15 años, y todo quedó en mi hermano mayor. En el año ’72 nos unimos los tres hermanos y ahí comenzamos con 40, 50 colmenas y con unas ganas bárbaras, aunque fueron años buenos y malos”.

Ante la consulta sobre sus recuerdos de la Necochea de aquel entonces, Wasowski no dudó en evocar aquellos años en que Necochea era un faro turístico, un imán para figuras y eventos de renombre nacional. “Fueron los años que yo tenía veinte y tantos años y la disfruté al mango. Las mejores modelos argentinas venían a Necochea a sacarse fotos para la revista Gente”. Sin embargo, esta evocación del pasado se contrapone con la realidad del presente, marcada por la falta de acompañamiento al emprendedor local. “Hasta han venido muchas empresas que se tuvieron que ir porque no tenían ni el apoyo ni nada de la ciudad”, sentenció, dejando entrever un clima poco propicio para la inversión y el crecimiento.
Wasowski recuerda sus propias dificultades burocráticas para establecer sus negocios. “Yo hay veces que para querer abrir un local o una oficina tuve que estar como tres o cuatro años para que me dieran autorización. Entonces después quedás irritado como para seguir haciendo cosas”.
Con la autoridad de quien conoce cada rincón de la ciudad, Wasowski lamentó la falta de planificación y la desidia en el cuidado de espacios emblemáticos. “Yo pensaría que en el parque habría que hacer algunas cosas, el casino habría que tratar de destruirlo y hacer lo que se pueda hacer… No tenemos hoteles, el casino es una vergüenza”. Su crítica se extiende a la falta de una visión estratégica para potenciar el turismo y aprovechar los recursos naturales. “Tenemos mar, tenemos río, tenemos una ciudad, pero son una ciudad del no”, insistió.
Finalmente, la voz experimentada de Jorge “Polaco” Wasowski se alza como un llamado a la acción, un grito para despertar a Necochea de un letargo autoimpuesto. Su lamento por un pasado glorioso no es solo nostalgia, sino una medida de lo mucho que se ha perdido y de lo mucho que aún se puede recuperar si se abandona la cultura del “no” y se abraza una visión de futuro ambiciosa y colaborativa. “Ojalá, ojalá que de alguien salga algo para arreglar todo esto. Va a ser difícil. Muy difícil. Pero no imposible”, concluyó, dejando una puerta abierta a la esperanza de un renacer necochense.











